EL ÁGUEDA, por José A. Blanco
Cada equis tiempo baja desenfrenado y se desborda. Recuerdos. El arrabal, incapaz de conciliar el sueño, desconfía de reojo, es la cruz del miserable arrastrada por la corriente hasta el calvario de la sospecha. Los ojos del puente viejo, temerosos, oscurecen la mirada y la garganta ronca del molino grita. La alameda, reflejada en el espejo, aguanta el tirón. Otra foto clavada en la retina.
El río Águeda a su paso por La Pesquera de Ciudad Rodrigo - JLS-T

