INQUIETANTES PREGUNTAS, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Días atrás, nos encontramos de nuevo, que Águeda sufre una crisis socio política, que desembarca otra vez en la pérdida de su alcalde. Ahora no ha sido echado, sino que él dimite, pero eso sí, por las amenazas sufridas él y su familia, que han quedado más que probadas al pintarrajearle el coche. A esto, si no lo llamamos echarle cómo lo definimos, pues sólo sabiendo responder a las preguntas que me asaltan, ante un suceso tan feo y grueso como parece ser lo sucedido.
¿A cuenta de qué vienen las amenazas? Pues parece que por un desencuentro con los cazadores. ¿En qué consiste tal desencuentro? ¿Tenía razón el alcalde para defender su postura ante estos? ¿La tenían los cazadores en defender las suyas? Suena que estos para sus cacerías, tenían como refugio locales públicos de Águeda donde realizaban fiestas merienda. Desconozco que hay de cierto en esto, lo que no hay duda es que cuando se negó el alcalde a ceder las instalaciones a los cazadores, surgieron las amenazas a él y a su familia. Sabemos que Marcos Iglesias Caridad, alcalde de Ciudad Rodrigo, se ha reunido con el alcalde de Águeda y tiene pendiente otra con los vecinos, que queda en el aire desde la dimisión de éste.
Lo cierto es que el alcalde de Águeda, Manuel Julián Martínez, del todo no se ha bajado los pantalones ante las amenazas, puesto que ha estado dispuesto a hablar con los medios.
¿Se podrá saber, no ya sólo quienes han sido los ejecutores de las amenazas, sino además si han sido promovidas por capitanes araña, que sin dar la cara provocaron la revuelta?
Qué clase de gente transita por el pueblo, que hace que allí, dónde un niño no debería de tener más que aprecio y estar lleno de asideros seguros, lo sienta como un páramo desierto de toda humanidad, y no se atreva ni siquiera a salir de casa.
¿Actuará la autoridad competente, tomando las medidas que crea oportunas, para hacerle ver a la jauría que un niño no se puede sentir objeto de caza, tengan las razones que tengan para sus iras?
En fin, ahí quedan estas preguntas, más alguna más que en este momento no ven la luz.
No me negarán que todas y cada una de ellas son preguntas inquietantes, tan inquietantes como que un alcalde se vea obligado a irse por amenazas a él y a su familia.
