RAYOS PRIMAVERALES, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Estamos a mediados de Febrero, y nadie recuerda ya cuántas borrascas nos han visitado, ni cuantos días de lluvia hemos tenido. Cuando de repente el sol. Y con él los niños en el parque arropados por jóvenes y esplendidas mamás, creando un ensordecedor griterío que había desaparecido desde no se sabe ya cuando. Mayores que retornan a su eterna partida de petanca. Chavales que pasan con equipamiento deportivo, mientras otro besa a una chica con marcadísimos tejanos, mientras otros en un corrillo comentan estar deseando empezar a navegar con las piraguas en el Águeda. Las abuelas pasan diciéndose entre ellas que sus nietos y nietas son los más guapos del mundo mundial. Cuando nuestro galgo vagabundo pasa hoy con menos prisa.
Las piedras de la Ciudad se han vuelto más doradas y los árboles de los parques quieren ya empezar a dar brotes, al tiempo que otros lo notamos en nuestra propia sangre como un anticipo de la primavera que ya se presiente.
Y es que el sol ha salido ya y con el la alegría en este Ciudad Rodrigo, que se pone aún más bello si cabe. Como las jovencitas llenas de futuro, de vida y de risas, con las que me acabo de cruzar.
Toda la Ciudad brilla, y parece una mujer a la que nada se le va a poner por delante, ni nadie va a poder afear mientras esté bañada por estos rayos primaverales del sol.
