YENDO DEMASIADO LEJOS, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Caminamos de forma pareja hacia dos metas. Pues desde hace ya algunos años hemos ido con los toros ganando, no sólo en presencia y número, sino en bravura, hasta quizá ser una de las ciudades donde más días y mejores toros se corren.
Sin ser experto del mundo taurino, pero a tenor de lo que veo cada año, tengo la impresión de que estas aspiraciones se han conseguido. Y hoy ya debemos ser una ciudad con unos de los mejores espectáculos taurinos, en lo que respecta a las capeas y toros corridos por las calles.
Como casi todo, este logro provoca parejo otro no por menos señalado menos cierto. Y es que los riesgos de andar dentro de agujas y en el ruedo han aumentado, en la misma proporción que lo han hecho el trapío, tamaño y edad de los toros. Y aquí, en esta tercera mención, en la edad del toro, está el quid de la cuestión. Pues sabido es por los taurinos, que a medida que el toro tiene más años, su conocimiento aumenta mucho, y por tanto el peligro que tiene ponerse ante él. De hecho, los toreros cuando ven a un toro de más de cinco años, huyen de él como el que ve al diablo. Y ahí, quizá está el por qué aquí sea posible tener tantos, tan fieros y presentables, por su rechazo para ser lidiados en las plazas, por su peligro. Cuestión esta, que les lleva a la rebaja de su precio, y nos hace más fácil la adquisición de tantos como tiene ya el Carnaval.
Y de esta forma, es como llegamos a la segunda meta, la de ser los Carnavales más peligrosos. Lo cual nunca nos lo hemos propuesto, pero que sin duda hemos llegado a ello con mucha facilidad, y con resultados, hasta ahora librados por la suerte, y la gran profesionalidad del equipo quirúrgico del doctor Enrique Crespo, que ya han salvado a varias vidas. Hasta que como en el presente año no fue posible, pues la persona llegó prácticamente muerta al quirófano, dada la violencia con que fue cogido.
Llegados a este punto, la pregunta es si no sería conveniente que nos lo pensáramos, y en próximos Carnavales, si no la bravura o presencia se mermara al menos la edad de los toros, pues a los cinco y seis años tienen ya tan desarrollado su conocimiento, y con ello el peligro de que existan más posibilidades de segar vidas, con lo que quizá estemos llevando demasiado lejos los riesgos de este Carnaval nuestro.











