'DE DÓNDE SON LOS CANTANTES', por José Luis Puerto - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo
'DE DÓNDE SON LOS CANTANTES', por José Luis Puerto En
1967, publicaba el gran escritor cubano Severo Sarduy su narración
‘De dónde son los cantantes’, tres fábulas para mostrarnos tres
aspectos claves de la cultura cubana: lo africano, lo chino y lo
español.
El
mestizaje es una de las señas de identidad de la cultura y de la
historia cubana, como también lo es de toda América. Y de todo el
mundo. De ahí que sea muy significativo –y por ello traemos a esta
columna el título de Sarduy– que en este momento tan crítico, en
que en Estados Unidos, por una política racista, antidemocráticas e
irracional, por lo violenta, injustificada y arbitraria, está
deteniendo, encarcelando y expulsando a los latinos, estén siendo
los cantantes los que se estén atreviendo a poner el dedo en la
llaga.
Primero
fue Bruce Springteen el que alzó la voz con una canción de
conciencia, emotiva y hermosa, “Calles de Minnesota”, frente a
las muertes y atrocidades del ICE.
Y,
más recientemente, en el descanso de la ‘Super Bowl’, ha sido el
puertorriqueño Bad Bunny quien, en un espectáculo reivindicativo y
creativo a un tiempo, al pronunciar los nombres de cada uno de los
países que configuran todo el continente americano, del sur y del
norte, y en una utilización del castellano como lengua de sus
creaciones musicales, ha sido quien ha dado un golpe sobre la mesa,
en el corazón del ‘imperio’, reivindicando la dignidad de lo
latino y de los latinos.
‘De
dónde son los cantantes’, se preguntaba el cubano Severo Sarduy en
el hermoso título de sus no menos hermosos relatos. Los cantantes,
en este caso –y Bruce Springteen y Bad Bunny son los claros
ejemplos en esta ocasión–, se han inclinado hacia la vertiente de
la dignidad, de los desfavorecidos, de los latinos, de los señalados,
de las víctimas…, con valentía y con coraje, con esa belleza
contemporánea que reside en la música, sea del estilo que sea (toda
creación humana, cuando es verdadera, está marcada por la
dignidad), cuando defiende ese derecho a la existencia digna que
tienen los eslabones débiles, los latinos, las gentes que emigran,
arriesgando su existir, en travesías penosas, buscando un mundo
mejor para ellos y los suyos.
Esa
vertiente de la dignidad, de la defensa de los pueblos, de la defensa
de los humildes, de la defensa de los latinos (detenidos violenta y
arbitrariamente, deportados, metidos en esos nuevos campos de
concentración que da grima verlos… y hasta bebés de dos meses…),
esa vertiente a la que se inclinan, por la que transitan los
cantantes que no se desentienden.
Esa
vertiente de la que, en otro sentido, existencial y hasta metafísico,
hablara el gran escritor argentino Julio Cortázar, en su bellísimo
relato titulado ‘El perseguidor’.
Y
esa vertiente, hacia el lado de la vida verdadera, de la dignidad de
todos, de la dignidad y del derecho de los latinos a poder vivir
honradamente de su trabajo y de su esfuerzo, y no a ser incriminados
y detenidos, arbitraria y violentamente, por ser diferentes, por ser
pobres, por ser inmigrantes… Esa vertiente es la que hemos de
transitar, como han transitado y transitan los cantantes y las gentes
que se oponen y levantan un muro contra la barbarie.
Porque,
¿cómo alguien puede pensar otorgar, en nombre de una comunidad
autónoma de nuestro país, distinguir con una medalla de
‘hispanidad’ alguna, a quienes cometen tales tropelías?
Nos
quedamos en la vertiente de la dignidad, por la que transitan los
cantantes y las gentes de bien, con la valentía, en tiempos tan
difíciles y convulsos, de defender a los seres humanos más
desfavorecidos, frente a todas las agresiones que sufren.
Ya
sabemos de dónde son los cantantes que merecen la pena.
Dónde
están los seres humanos que merecen la pena.