PENA, DOLOR Y RABIA, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Llegó el otoño con calor, y con los árboles perdidos, pues aún tienen las hojas verdes y se resisten a soltarlas, aunque estén marchitas por falta de agua. Todo un síntoma de que ya nada es igual. Lo malo, es que no es solo esto, es decir, el cambio climático, si no que el mundo está envuelto en un archipiélago de iceberg, compuesto de la inseguridad en el trabajo, de la incapacidad de compra de una vivienda, y todo ello en medio del derrumbe democrático en Europa, incapaz ya de parar a un neofascismo crecido, que como respuesta y solución a todo esto da mucho nacionalismo y ataque al débil emigrante. Apoyados por los muy buenos señores dictadores Putin, Netanyahu, Jinping y Trump que ahora anda atareado en cargarse a la prensa y a los periodistas que cuenten sus hazañas de manera que a él no le gusta.
Todo este cóctel explosivo, es el que lleva a David Gross, premio Nobel de física, aplicando la lógica que ha usado toda su vida en ésta, a ver una probabilidad acumulada de riesgo repetido compartido de sistemas a decir, que el mundo actual empieza a parecerse menos a un problema científico y más a un sistema inestable que puede no llegar a resistir más que hasta el 2050.
Ante tal predicción, que no está hecha por un charlatán, uno como tantos humanos más, nos sentimos dentro de un Titánic viajando contra esos icebergs gigantes, que son la economía sin freno, el cambio climático, la inseguridad y los dictadores haciendo de las suyas a sus anchas. Cuyo panorama al mirar a mis nietos, hace que no sepa qué decirles de la que se avecina, y entonces solo puedo sentir antes ello, pena, dolor y rabia.












