EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS: LAS NUEVAS ANTÍGONAS: José Luis Puerto - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo
EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS: LAS NUEVAS ANTÍGONAS: José Luis Puerto ‘Antígona’
es una de las obras más hermosas de la literatura universal. Nos
queda como una de las obras de Sófocles de un valor más alto. Allá,
en la Grecia antigua, en el siglo V antes de Cristo, ese siglo del
clasicismo pleno, la tragedia levanta siempre la voz por las causas
más justas y necesarias del ser humano.
La
tragedia tiene siempre un planteamiento claro: frente a la ‘hybris’,
frente a los excesos, abusos, arbitrariedades, dominios,
prepotencias… de unos seres humanos, que actúan, de modo
arbitrario y particularista, en propio beneficio y en contra del bien
común, del bien de todos, apropiándose unos recursos que no les
pertenecen, sea de restablecer el equilibrio humano, el equilibrio
social, a través de la catarsis, de la purificación, del
restablecimiento del equilibrio y de la ecuanimidad.
Una
de las heroínas que realizan tal función en la tragedia griega es
Antígona. Es un personaje femenino cuya función catártica y
purificadora ha tenido en la historia muchas réplicas.
Hoy,
nos encontramos también con nuevas Antígonas, que son capaces de
levantar la voz contra las arbitrariedades, contra los excesos,
contra los abusos…, en la vivienda –entre nosotros–, de quienes
se apropian las plusvalías sociales, sobrepreciándolo todo, pisos,
viviendas, habitaciones, garajes, pasillos, cuchitriles…, más allá
de los salarios que la gente común percibe, para apropiarse el sudor
de los sectores populares y de las clases medias, debido a una
codicia que una sociedad como la nuestra (civilizada, del primer
mundo) no tendría que permitir.
Hoy,
en este campo de los abusos con la vivienda, de los sobreprecios, de
las arbitrariedades, ha surgido entre nosotros una nueva Antígona:
Maricarmen, la anciana que, ay, desahuciada y en el hospital, a sus
ochenta y siete años acaba de morir, sin haber dejado de enunciar
–días atrás pudimos escucharla en más de una ocasión– la
palabra clara, la palabra justa, la palabra ecuánime, frente a los
buitres de la codicia. Como ya hiciera Antígona también, siguiendo
su ejemplo.
Estamos
ante una nueva Antígona, ante un nuevo símbolo, que, con su muerte,
expulsada de casa, en una camilla, hacia un hospital del que ya no
saldría, se va a agrandar más.
Hemos
estar atentos a las nuevas Antígonas. Están en el ámbito de las
madres de niños que piden refrigeración para los colegios, cuando
nos abrasan los excesivos calores. Están en los ámbitos de las
empresas cuando reclaman salarios dignos. Están en el ámbito de
pueblos y ciudades cuando se piden coberturas sociales para que nadie
se quede fuera de esa protección a la que todos tenemos derecho.
Y
van a estar –ya lo han estado hace años– cuando alguien pretenda
destruir un sistema público de pensiones que supone un colchón que
evita problemas de precariedad y dificultades en no pocas familias; o
cuando alguien pretenda –en aras de no sé qué productividad–
que las gentes vayan a trabajar estando enfermas…
Las
Antígonas –siempre que el ser humano sea un ser de conciencia–
siempre están ahí, siempre estarán ahí, como defensa de un ser
humano íntegro, de una sociedad libre de todos los abusos, como
defensa siempre de lo mejor del ser humano.
En
este caso, ahora mismo, nuestra última Antígona se llama
Maricarmen. Todo nuestro respeto para quien, con su lucha y su final,
ha sabido encarnar y dar imagen a uno de los anhelos más hondamente
sentidos hoy por nuestra sociedad: el derecho de todos a una vivienda
digna.