Ateneo Virtual Mirobrigense es un blog de opinión ubicado en Ciudad Rodrigo, en el que se expresan las inquietudes, ideas y pensamientos de los articulistas sobre temas diversos, actualidad, cultura, sociedad, con especial atención a Ciudad Rodrigo y su Tierra, y La Raya con Portugal. Opinión variada

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26 noviembre 2023

HABLAR CON UNO MISMO, por Víctor Esteban

Víctor Esteban

HABLAR CON UNO MISMO, por Víctor Esteban

Está claro que la vida es un constante no parar. Ya lo cantaba la tristemente desaparecida Cecilia, “el caso es andar”. Necesitamos estar en movimiento para sentirnos vivos y si paramos es que algo va mal. Los actuales tiempos nos obligan o nos inducen a vivir completamente acelerados atendiendo a nuestras múltiples ocupaciones y compromisos; unos necesarios y obligatorios y otros autoimpuestos por nosotros mismos fruto de esta tendencia de querer aprovechar todo lo que podamos estos cuatro días que pasamos en este mundo, que, por otra parte, también discurre cada vez más rápido, arrollándonos con su inercia.

Alejandro Sanz se cansó de “vivir deprisa” cuando aún era muy joven. Desconozco si el cantor consiguió su propósito en los siguientes años de aquella infantil canción. Lo que si veo es que muchos no han o hemos podido sustraernos a esta tendencia virulenta de apurar al máximo nuestro tiempo. Trabajamos, llevamos a nuestros hijos al colegio, al fútbol sala, a violín, a clases particulares y entretanto sacamos un hueco para nuestra afición favorita, para ese curso que te va a venir bien en tu curriculum, para visitar a la familia, atender las tareas del hogar y por supuesto echar un vistazo a las redes sociales. Ejecutamos nuestro ritual particular como autómatas imbuidos en el trepidante plan diario que nos constriñe y a la vez nos ordena la vida. Parece que así nos sentimos bien, porque estamos haciendo algo útil, sin pensar muy bien si todo está en orden dentro de nosotros, sin reflexionar si estamos en el sitio que nos gustaría estar, si lo que ocurre a nuestro alrededor es lo adecuado. Asumimos nuestro rol para no castigarnos mucho y cerramos los ojos para seguir el camino trazado, en algunos casos de manera más o menos querida o escogida y en otros casos fruto de lo que la suerte o el buen hacer de cada cual le haya podido deparar, aunque a lo mejor no fuese lo que, sin saberlo a ciencia cierta, era o hubiera sido lo que deseaba.

Sea como fuere, para lo que no solemos encontrar tiempo es para para nosotros mismos. Y con esto no quiero decir que hacer deporte o cantar en la coral de tu pueblo no sea tiempo para uno mismo. Lo que quiero decir es que no dedicamos tiempo a nuestra reflexión interior; a poner en orden nuestras ideas, las cuales corren tan deprisa como el mundo en que vivimos, sin tiempo para ser depuradas, maduradas sosegadamente, de tal forma que podamos ordenar nuestro “yo”. Ese “yo” que, a veces, por la velocidad de nuestro día a día, se automatiza como un robot y pierde su componente humano, ese que nos distingue del resto de las especies y que en ocasiones nos olvidamos de usar. Ese que nos permitiría hacer algo tan saludable como es parar el ritmo y dedicar unos minutos a hablar con uno mismo.

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29 julio 2023

ROMÁN, por Víctor Esteban

Víctor Esteban

(Texto escrito hace ya varios años sobre Román Durán, en su recuerdo)

ESTIMADO AMIGO ROMÁN, por Víctor Esteban

    Mi amigo “Romy”, no esta propuesto como hijo predilecto de Ciudad Rodrigo, no asume ningún cargo político, ni preside ninguna de las múltiples asociaciones que invaden la ciudad reclamando los derechos perdidos hace mucho tiempo. El peculiar y genuino “Romy” es coordinador de deportes, pero sobre todo se trata de una persona que, con sus virtudes y sus defectos, es fundamentalmente humana, entendiendo este concepto en el más amplio sentido de la palabra. Quizá sea por la escasez de este tipo de valores en nuestra sociedad, por lo que “Romy” no necesita ser una figura pública de primera magnitud para merecer este sencillo artículo.

    Debido a que me dobla en edad, su infancia me resulta totalmente desconocida. No obstante, me imagino una niñez de postguerra y dictadura que le ha marcado de una manera más profunda que a cualquiera de su generación. Es probable que esa infancia aún perdure en él y se muestre a través de ese espíritu travieso y pillesco que le hace distinto, y en pequeñas dosis, bastante entretenido.

    A Román, como lo conoce todo el mundo, nunca le sentaron bien los anillos de compromiso. Su independencia ha sido uno de sus secretos y su principal patrimonio, que guarda, mima y protege.

    Aunque hasta el momento no ha tenido descendencia, al menos que se le conozca, Román siempre ha sido padre y maestro de todos los que a través del deporte han estado ligados a él. Para bien o para mal, siempre ha tenido vocación didáctica y ha tratado de inculcarnos, a veces con excesiva reiteración, sus experiencias y pensamientos, no siempre compartidos, pero si comprendidos.

    Siempre ligado al mundo del deporte y de la juventud, paradójicamente no ha sido muy amigo del fútbol, y sin embargo siempre que tenia oportunidad nos demostraba una privilegiada habilidad con el balón, dando varios toques seguidos sentado en el suelo, al más puro estilo Romario. Cuentan algunos que en el futbolín no tenía rival.

     Criticado por unos y alabado por otros, todo el mundo se empeña en encasillarle de alguna manera. Unos dicen que si es rojo, otros que si fue azul. Yo digo que ni rojo ni azul, más bien un poquillo verde; color que indica esperanza, naturalidad y una tremenda debilidad por el sexo opuesto.

    Su afición a la lectura y su privilegiada memoria le convierten en una verdadera biblioteca que almacena innumerables citas poéticas y referencias literarias, que guarda en la recamara para la ocasión. A pesar de ello, quizá Román también prefiera “el lunar de tu cara a la pinacoteca nacional”, como defiende el genio Serrat.

    De fácil palabra, nunca puede evitar que en todos los banquetes y actos sociales en los que está presente, lo nombren pregonero oficial para disfrutar de su elocuencia, en la que derrama una gran ironía.

    Experto en el arte de la escritura, seguramente reniegue de la vulgaridad de este texto, pero sabrá vislumbrar entre estos párrafos sueltos el sentimiento de aprecio que los genera. Y es que “Romy”, como tu dijiste, está bien esto de escribir “porque siempre te apetece decir algo”. Hoy me apetecía escribir sobre ti.

     Ya ves, a ti siempre te encargan escribir sobre los demás. Esta vez toco hacerlo sobre ti.

(Hasta siempre Romy)

27 marzo 2023

SEPARAR EL MAR, por Víctor Esteban

Ciudad Rodrigo - Ateneo Virtual Mirobrigense

SEPARAR EL MAR, por Víctor Esteban

Hace poco tiempo que mi estilo de vida ha cambiado de una manera radical de tal forma que ahora, por las circunstancias de la vida, paso mucho más tiempo fuera de Ciudad Rodrigo. Para no estar completamente desligado – algo imposible teniendo en cuenta que trabajo allí – cuando estoy fuera sigo con curiosidad las noticias locales. En muchas épocas del año los noticieros mirobrigenses se llenan de imágenes del clero, procesiones, tradiciones religiosas y astados que corretean las hermosas calles de este rincón del oeste.

Ese vistazo general a la información local me lleva a hacerme una reflexión general de lo qué somos, de lo qué podemos llegar a ser y de cuál es nuestra dimensión en este mundo cada vez más global e internacional.

Decía el poeta que “de lejos dicen, que se ve más claro” y este distanciamiento interválico que llevo a cabo sobre mi lugar de nacimiento y de vida, me hace reflexionar mucho más sobre esas cuestiones y analizarlas con una perspectiva que se pierde cuando estás anclado y arraigado hasta el cuello en el territorio.

Y desde la distancia la conclusión a la que uno llega es que Ciudad Rodrigo en un hermoso lugar envuelto para regalo con un papel de piedras preciosas, monumentos, riberas e intrincadas calles que harán las maravillas de aquellos que la quieran saborear por un tiempo. Sin embargo, todo ese envoltorio esconde un fruto pasado de temporada con indicios de podredumbre que auspician un horizonte temporal carente de un estimulante paisaje.

Está claro que somos lo que somos, individualmente hablando, y poco podemos hacer para cambiarnos, pero siempre puede haber una chispa que nos lleve hacía un camino mejor, hacía mejores metas, hacía una situación diferente, siempre que la suerte nos lo permita, claro.

Desde el punto de vista de la colectividad de Ciudad Rodrigo también ocurre lo mismo, lo que sucede es que es mucho más fácil cambiar algunos rasgos de una sola persona que de un pueblo entero anclado en el pasado más ancestral y con evidente pereza por revertir su camino ya marcado desde hace muchos años.

Han de respetarse las tradiciones, tenemos que ser fieles a nuestros orígenes, pero no podemos sólo mirar para atrás y vivir de lo que fuimos. Hay que hacer un esfuerzo por imaginar otro camino, otra senda de evolución y no de anquilosamiento.

Pero no soy ingenuo en este sentido, una cosa es predicar y ponerse a escribir estas cuatro líneas en el ordenador y otra muy distinta separar el mar como hizo Moisés. La realidad es la que es.


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23 marzo 2023

AUTENTICIDAD, por Víctor Esteban

AUTENTICIDAD, por Víctor Esteban

La pasada semana los seguidores del concurso-programa “Pasapalabra”, vivieron el momento álgido de la consecución del bote de más de dos millones de euros por parte del concursante Rafa.

En contraste con esta alegría para el sevillano, que llevaba varios programas rozando el larguero en pos del éxito final, estaba su contrincante y a la vez amigo Orestes, que igual que Rafa llevaba una eternidad de programas con el objetivo de redondear ese “rosco” tan complicado de completar. Ambos rivales, pero a la vez compañeros, son dos personas muy diferentes en la apariencia que muestran tras las cámaras.

El vencedor parece una persona inteligente, seria y bastante equilibrada.

Por su parte, el joven Orestes es alguien fuera de lo común en muchos aspectos, entre los que se podrían destacar su inocencia y pureza. Es este último aspecto el que más comentamos en casa cuando vemos el programa; Orestes no parece inoculado por ningún virus de esos que la sociedad actual nos infecta con cotidianidad e impunidad. Orestes parece puro, inmaculado, casi virginal y estos rasgos lo hacían más humano que cualquiera y por eso quizá más querido y admirado. El burgalés parece vivir con una mascarilla que lo hace inmune a cualquier contaminación exterior maligna que la convivencia con la humanidad pueda conllevar. El participante de “Pasapalabra” solía tener la costumbre de hacer chistes –muy malos en su mayoría- y que a nadie le hacían gracia. A pesar de los sucesivos rechazos que recibía a su pésimo sentido del humor, el seguía siendo feliz y dando rienda suelta a sus impulsos de hacer un juego de palabras sin ninguna gracia, simplemente porque él era así y porque a él le gustaba ese juego más que a nadie. Cualquier persona común hubiera desistido de ese comportamiento impropio ante las cámaras de televisión ante tal fracaso humorístico.

Y es eso lo que más admiro en el joven Orestes, que a pesar de que parte de él no encaja en los estándares comunes de la sociedad actual, él consigue mantener su esencia y pureza ajeno a la polución social, la cual a veces es más nociva que la propia contaminación ambiental. Y eso en los tiempos que corren, en los que la pureza exenta de maldad parece ser un bien escaso, tiene un gran mérito y toda mi admiración. Orestes dijo al final, una vez perdido, “no tengáis pena de mí, yo ya tengo mi pequeño bote”. Y ciertamente que lo tiene y se llama autenticidad.


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11 febrero 2023

LA COLADA, por Víctor Esteban

LA COLADA, por Víctor Esteban

La calle que me vio crecer, en la que comencé a corretear, y en la que me caí y me levanté por primera vez es una calle empinada que descendía a otra aún más inclinada todavía; hecho este que, ahora que lo pienso, no sé si puede llegar a condicionar el carácter de alguien o a estigmatizarlo de alguna forma. El caso es que la calle de la que les hablo comenzaba a ser por aquel entonces muy bulliciosa, llena de actividad comercial y con una creciente tendencia a la presencia de establecimientos nocturnos de vida social; es decir bares de copas y alterne y discotecas. Así, por aquellos años setenta se mezclaban en aquella rúa el pequeño comercio de ultramarinos de la Sra. Santiaga, la pescadería de mis tíos, la tapicería de mi padre, una churrería un poco más abajo, y el bar del Lanchas en el que las noches de los fines de semana se congregaba el ambiente más alcohólico y festivo del momento. En los veranos, la calle por la noche comenzó a ser un hervidero de gente cerveza en mano, que se acompañaba con el característico huevo cocido que el Lanchas ofrecía como sello de la casa.

Yo aquello lo vivía desde el desconocimiento infantil de mis apenas diez años y de forma natural contemplé como poco a poco fueron creciendo los bares y garitos de todo estilo, ajustados a los ambientes más diversos. Así surgieron el Gotland, de carácter más exquisito, y otros que parecían anquilosados y adormilados, como el Charro, fueron despertando hacía el mundo nocturno que se abría paso en aquel vial empinado. El alcohol y las drogas comenzaron a correr y la calle se convirtió en un punto de encuentro de lo que podríamos llegar a considerar la “movida mirobrigense”. Llegaron los ochenta y poco a poco los pequeños establecimientos comerciales existentes fueron cediendo paso a más bares y locales nocturnos animados por la tendencia creciente.

Pasear por allí por la noche parecía una fiesta continua. Los tugurios estaban abarrotados y con el tiempo aquel imberbe crio que uno era fue creciendo hacía la adolescencia y fue dando pasos para sumergirse en aquel mundo nocturno juvenil y efervescente y entrar en sus puertas con derecho a ser uno más de la fiesta.

Hoy en día vuelvo a pasear por aquellas subidas agotadoras que antes cansaban menos y que ahora me hacen resoplar y compruebo la decadencia de lo que fue con cierta melancolía y tristeza. Todos aquellos antros y anteriormente comercios presentan sus puertas cerradas decorados con sus carteles de “se vende”, esperando que algún nostálgico del pasado confíe en ellos y en que los fantasmas que quedaron atrapados entre sus muros en aquellas noches de agosto todavía puedan resurgir de sus cenizas y volver a darles vida. La discoteca Amayuelas, El 18, el Casablanca, la sala de juegos, y otros cuantos duermen hoy en día el sueño del olvido, aunque entre sus polvorientos muros se guarde todavía el eco de la música sonar sin parar entre juegos de amor, charlas sobre la barra, risas y bailes.

Supongo que ya saben ustedes que les estoy hablando de La Colada

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09 octubre 2022

LA E-LECCIÓN DEL GATO, por Víctor Esteban

Se acercó por el olor a comida, por el vacío en el estómago, por las varias horas sin saborear un buen pedazo. Su necesidad le hizo tener que superar sus miedos, subir esos peldaños y entrar a por su preciado tesoro; ese fiambre desmenuzado que comía con ansia. Era un entrar y salir para sentirse rápidamente más seguro. Pero de tanto hacerlo poco a poco se fue sintiendo confortable. Llegaron las caricias y llegó a encontrar un espacio en el que sentirse cómodo. Jugueteó, se acomodó en su rincón y decidió acompañarme en la noche, no sin antes degustar otro preciado manjar.

A la mañana siguiente gimió desconcertado por donde estaba. Saboreó el desayuno, ya sin tanta ansia. Pero aquel lugar parecía demasiado pequeño para lo que él estaba acostumbrado, riberas amplias, alamedas, parques y jardines.... Comenzó a mirar la puerta, se la abrí y salió disparado. A los veinte metros recorridos se paró y miró hacia atrás. Me vio con mirada de resignación. Tuvo un atisbo de compasión. Volvió a la puerta de entrada y con ella abierta a su decisión allí permaneció pensando qué sería mejor; la comodidad, el confort, el calor en el invierno, la buena comida asegurada o por el contrario la aventura sin fin; el libreto sin escribir. Entró y salió varias veces. Después de tantas dudas y de tantos miedos, al final tomó su decisión; la libertad.

04 agosto 2022

LO NORMAL, por Víctor Esteban

LO NORMAL, por Víctor Esteban

Aquella tarde de temperatura agradable en una primavera anticipada, Javier se encontró en la calle con su amigo Eduardo, al que hacía algún tiempo que no veía. Como procedía, le preguntó: - Eduardo, cuanto tiempo, ¿cómo estás?

A lo que Eduardo, sin muchas ganas de profundizar en su vida, le dijo: - todo bien Javier, lo normal.

Aquel “lo normal” no acabó por descifrar el peso que Eduardo cargaba desde hace años con la esclerosis múltiple que sufría su esposa. Después de tanto tiempo, aquella desgracia se había convertido en algo “normal”; algo habitual que formaba parte de su vida cotidiana, como lo era el hecho de levantarse, prepararse el desayuno, vestirse para ir a la oficina, resolver los problemas del trabajo, atender a los asuntos de sus dos hijas, e intentar buscar un hueco para encontrar la paz que le haría sentirse feliz, aunque fuese por unos segundos.

Y es que la normalidad es un concepto muy flexible y domable, de tal forma que en la vida muchas circunstancias difíciles y verdaderamente dramáticas tienen la perversa virtud de convertirse en “normales”, como si formasen parte de nuestro paisaje habitual, sin pararnos a pensar en la dimensión de lo que realmente está sucediendo. Asimilamos lo que nos va sobreviniendo, puede que inicialmente con pavor, con estremecimiento y hasta con incapacidad, hasta que la casi inagotable adaptación del ser humano acaba por fagocitar y digerir de alguna manera ese mal trago que hemos pasado, para convertirse en una habitual mala digestión cotidiana.

Cuando comenzó la invasión de Ucrania, todos quedamos impactados porque en la vieja Europa volviésemos a ver imágenes tan cruentas como las muertes de niños, la huida de sus hogares de miles de familias o la devastación de las ciudades por razones incomprensibles para el humano de bien. En aquellos primeros días pensé que esta inimaginable desgracia iba a diluir poco a poco su impacto con el paso del tiempo y esa guerra que entonces nos parecía algo inconcebible iba a acabar siendo algo habitual; algo casi “normal” en el devenir de nuestras vidas, y algo así ya está ocurriendo en estos días.

Pero la perversión de la palabra “normal” tiene también una vertiente contraria a su capacidad de absorber aquellos hechos o circunstancias negativas en su vientre y es que también es capaz de engullir en su amplio fondo todo aquello que podemos considerar “normal” olvidando el carácter extraordinario y casi milagroso de muchas circunstancias o hechos, que la cotidianidad acaba por transformar en normales. Así, normal se puede considerar que las mareas suban y luego bajen, que el sol aparezca por el este y se diluya por el oeste, que dispongamos de un coche que nos traslada a 120 km/h, que abramos el grifo y llenemos las botellas de agua y refresquemos nuestro cuerpo bajo una ducha, que los teléfonos nos comuniquen a largas distancias o que un ser vivo pueda engendrarse en el interior de otro, fruto de combinaciones biológicas totalmente “normales”, vamos; lo “normal”.

MALA CARRETERA, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez

MALA CARRETERA, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo MALA CARRETERA , por José ...