AQUELLOS DÍAS PRIMAVERALES, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Ser la hora y no haber llegado, y que te llamen con cariño para saber, es una satisfacción de las muchas que durante la larga comida tendremos los unos con los otros, esa panda que hace sesenta años que nos conocimos y convivimos en el "insti".
Después, mil y un recuerdo de aquellos días vividos juntos que van llegando unidos los unos a los otros, como si de un racimo de uvas se tratara, unidos pues, por un tronco común, el de haber estado juntos en esos días en que el futuro no está escrito, y que todo está aún por vivir. Sin conciencia de que estábamos viviendo los días de la juventud, es decir, la primavera de la vida, y que hoy cuando ya todos estamos en el otoño de la misma, con las historias que nos contamos los unos a los otros, brotan con la fuerza que lo hacen las flores por esta época, y nos traen a todos la ilusión y la alegría que éstas aportan.
Cuando hemos querido empezar a despedirnos, era ya la tarde avanzada, y nos acabamos de separarnos, pues detrás de cada adiós, había un recuerdo de una vivencia compartida que nos llevaba a no querer hacerlo.
Luego ya la soledad del otoño que apunta al invierno, nos viene a todos. Eso sí, pensando que tendremos otro día juntos, que nos volverá a bañar en la primavera.
Que así, seguro será, con la próxima comida, pues aún nos quedan días de otoño para soñar aún las vivencias de aquellos días.



















