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22 febrero 2026

LOS ESPIRITUALES: MANUEL DE FALLA, por José Luis Puerto

LOS ESPIRITUALES: MANUEL DE FALLA, por José Luis Puerto - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo

José Luis Puerto
LOS ESPIRITUALES: MANUEL DE FALLA, por José Luis Puerto 

    Nacido en Cádiz en 1876, este 2026 celebramos el sesquicentenario del compositor Manuel de Falla, uno de nuestros músicos contemporáneos –junto con Isaac Albéniz y algunos otros– más eminentes.

    Siempre hemos sentido la figura de Manuel de Falla como uno de nuestros espirituales contemporáneos, un creador en el que ética y estética van continuamente de la mano.

    Falla es, en el fondo, un senequista andaluz. Su talante humano y moral ha sido destacado siempre que se aborda su figura. El atento poeta cántabro del 27 Gerardo Diego, gran megalómano él mismo, al abordar, con tanto respeto como conocimiento, a Manuel de Falla, alude a su encanto, a su trato sencillísimo, a su humildad, a su bondad generosa…

    Qué cualidades para un tiempo como el nuestro que está tratando de crear seres crispados, egoístas, individualistas, polémicos, intransigentes y hasta incluso violentos y crispados…

    Qué bien nos vendría a todos apaciguarnos y humanizarnos escuchando, con serenidad, toda la obra de Manuel de Falla, sus composiciones más eminentes: ‘Noches en los jardines de España’, ‘El amor brujo’, ‘El sombrero de tres picos’, ‘El retablo de maese Pedro’… y todo el resto de la obra del compositor gaditano, que aúna, al tiempo, un gran amor a España y Andalucía, y una conexión con la música universal de su tiempo (y de todos), que conoció muy bien en su tiempo de estancia en París.

    Pero, en 1919 marchó a Granada, donde residió algunos años y donde entró en contacto con Federico García Lorca. Congeniaron ambos genios (valga la expresión) y, del amor de ambos a las músicas populares andaluzas y, particularmente, al llamado cante ‘jondo’, surgió una actividad prodigiosa, que se estudia en la historia del flamenco: la realización, en torno a los días del Corpus Christi de 1922 del mítico “Concurso de “cante jondo” (canto primitivo andaluz)”, celebrado en las noches del 13 y 14 de junio de tal año, en la placeta de San Nicolás, del barrio granadino del Albaicín (aunque celebrándose, al final, en la plaza de los Aljibes de la Alhambra), y con pruebas eliminatorias los días 10, 11 y 12 del mismo mes. Había 8.500 pesetas de premios.

    El cartel de tal convocatoria estaba elaborado por el artista granadino Manuel Ángeles Ortiz (que diseñaría también, años después, figurines para ‘La Barraca’, de Lorca) y por Hermenegildo Lanz.

    Manuel de Falla, acompañado por Federico García Lorca, fue el alma de aquella inmersión en el canto primitivo andaluz. Porque Falla, al igual que otros compositores europeos de su tiempo, pertenece el nacionalismo musical, esa corriente de música clásica que bebe de la música folclórica, introduciendo en sus composiciones melodías, armonías y ritmos de tal música. Un abanderado de ella en nuestro país es el catalán Felipe Pedrell (1841-1922), uno de los maestros de Manuel de Falla.

    Manuel de Falla moriría en el exilio argentino el 14 de noviembre de 1946. En Alta Gracia, nombre alto, sonoro y significativo (si podemos utilizar el enunciado del Quijote) y también simbólico. El compositor asceta, senequista, sencillo, humilde y generoso… murió en Alta Gracia.

    Gerardo Diego habla de “Falla el asceta” y dice que renunció a todo “hasta quedarse en vida y en obra en los puros huesos”. Y añade: “toda su obra está concebida y escrita a mayor gloria de Dios”. Y aquí nos surge la figura del catalán Antoni Gaudí, un místico de la arquitectura contemporánea y sobre el que se están dando pasos para que sea declarado santo.

    Un acercamiento pertinente a la figura y la música de Manuel de Falla puede ser la obra de Kurt Pahlen, ‘Manuel de Falla y la música en España’, traducida y publicada en nuestro país en 1960.

    Qué bien nos vendría, para serenarnos y llegar hasta la raíz de lo que somos, escuchar la música de Manuel de Falla.

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