Particularmrnte sumido en la discrepancia
entre los rituales de la tauromaquia, tan presentes en nuestra esencia
cultural por un lado, y el maltrato animal en público de las corridas
de toros por otro, reivindico las manifestaciones del folclore ibérico,
en algunos casos perdidas o transformadas.
Por los pueblos y aldeas de esta tierra y
en provincias vecinas, existía y a veces perduran, una celebración de
estas fechas carnavaleras que se llamaba "la Vaca Pinta", casi siempre
con variantes incluso con significados evolucionados y aparentemente
opuestos. Un magnífico ejemplo de ellos es la celebración de "La
Vaquilla" en Colmenar Viejo (la Vaquilla de Colmenar Viejo en YouTube).
Y no puedo menos que contemplar que las
corridas actuales a pie, hoy dominantes y generalizadas, tienen poco más
de dos o tres siglos de antigüedad, ante los milenios de los
ceremoniales taurinos originarios.
Justificar hoy las corridas con sufrimiento
animal, en base al enraizamiento ancestral de la tauromaquia es una
desmesura, pues tienen más en común con un partido de fútbol, que con
cualquier ritual folclórico.
En esta disyuntiva, se da la circunstancia
que en Ciudad Rodrigo, como en toda la península, los festejos taurinos
o capeas, ("correr los toros" en su designación antigua y
significativa de la forma del rito), eran propios de la fiesta de San
Juan, es decir con el solsticio de verano y con toros reales, mientras
los ancestrales rituales de la tauromaquia, casi siempre ornamentados
con mascarones y disfraces, son propios de periodo invernal o
solsticio de invierno. Esto es así en casi todas partes, y sorprendía
un Carnaval donde la fiesta era el "correr los toros".
Pues bien, J.T. Muñoz nos ilustra que al
final de la guerra de Sucesión en los comienzos de s. XVIII, como gran
celebración, trasladaron los festejos taurinos de San Juan al Carnaval,
en aquel momento quizás oportuno, pero que mezclan y confunden dos
celebraciones de significados diferentes tanto en la causa como en el
condicionamiento temporal estacional, y así hoy dando esa dimensión
taurina única a un Carnaval.
No me queda más que concluir señalando la densa belleza generadora de cultura del toro, y qué triste es su derrota.
