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01 marzo 2026

UTILICEMOS CON CONRRECCIÓN EL LENGUAJE, por Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya

UTILICEMOS CON CONRRECCIÓN EL LENGUAJE, por Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo

Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya
UTILICEMOS CON CONRRECCIÓN EL LENGUAJE, por Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya

Yolanda Diaz no ha sido quien mejor ha administrado el ministerio de trabajo de España 

     Estos días estamos viendo la abundancia informativa con que todos los medios de comunicación, televisiones, prensa escrita, digitales y hasta las redes sociales están dando la anunciada noticia de que la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz Pérez, no será quien encabece las listas de las próximas elecciones generales para aspirar a ser presidenta del Gobierno de España. Es una decisión que muchos analistas políticos han considerado muy acertada, porque la señora Díaz no parece que haya logrado el consenso imprescindible de las restantes fuerzas políticas cercanas a su ideología para liderar a quienes se sitúan a la izquierda del PSOE.

     Yo estoy de acuerdo en aceptar que ella ha sido la mejor ministra de Trabajo porque ninguna otra mujer ha ostentado en democracia tan alta responsabilidad. Y sorprende que quienes así se manifiestan no hayan dicho “ministras y ministros” igual que tantos comentaristas, empezando por ella misma, que nos están dando la tabarra permanentemente con el lenguaje inclusivo (los trabajadores y las trabajadoras, los enfermeros y las enfermeras, los ciudadanos y las ciudadanas…)

Nuestra Constitución así lo ordena

     La Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, en su artículo 14 proclama el derecho a la igualdad y a la no discriminación por razón de sexo. Pero esa igualdad es un principio jurídico universal reconocido en diversos textos internacionales sobre derechos humanos, entre los que destaca la “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer”, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en diciembre de 1979 y ratificada por España en 1983.

     Que nadie ponga en duda pues mi aplauso a Yolanda Diaz por los importantes logros que ha conseguido para quienes integran la clase trabajadora española. Lo que yo pretendo decir es que no estoy conforme con quienes han dicho que ha sido la “la mejor ministra de Trabajo de la historia de nuestro país” o quien para mayor precisión ha escrito que “Yolanda Diaz ha sido la mejor ministra de trabajo de la democracia,” como si en ese Ministerio sólo hubiera habido mujeres.

Trataré de explicarme mejor

     No lo digo yo, lo dice la Real Academia Española (RAE) porque considera que el valor inclusivo del género altera artificialmente la morfología del español y vulnera el principio de economía del lenguaje. Lo que trae como consecuencia una confusión entre género gramatical y sexo biológico. La alta institución que da brillo y esplendor a nuestro lenguaje afirma que los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no se usa solo en referencia a los individuos de sexo masculino (valor específico), sino que puede usarse también para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos (valor genérico o inclusivo): “Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto”.

     Pero, atención, porque la Real Academia Española entra más en detalle para que no tengamos duda de que quienes sostienen que la vicepresidente es la mejor ministra de trabajo de la historia de España lo hacen en el convencimiento de que en ese ministerio solo ha habido mujeres. Lo que justificaría tan gran alabanza; pero resulta que no es así.

     Si se dijera que el titular del Ministerio de Trabajo es el mejor de España, el uso inclusivo del masculino no determina la oposición entre hombre y mujer. En cambio, el género femenino es un término marcado y, por ello, se refiere en exclusiva a referentes de sexo femenino.

     Así pues, concluye la RAE., para aludir a un grupo mixto, con independencia del número de individuos de cada sexo que lo integren, ha de usarse el masculino gramatical, que es la forma que puede abarcar a todo el conjunto. Así, se dirá, por ejemplo, los alumnos para referirse a un grupo formado por varones y mujeres, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones.

Los tiempos cambian y las personas también

     Yo he sido Diputado muchos años, tanto en España como en el Parlamento Europeo y siempre que he intervenido en alguna Comisión o Grupo de Trabajo me he dirigido a los presentes respetuosamente diciendo: “Señores parlamentarios!”, y basta. Nunca se me habría ocurrido decir: ”Señores parlamentarios y Señoras parlamentarias”. Cosa distinta es utilizar al principio de cualquier intervención en el Pleno de la Cámara el saludo inclusivo de cortesía consistente en decir: “Señoras y Señores Diputados” Y a continuación iniciar el contenido del discurso.

     Pero volviendo a la señora vicepresidenta segunda del Gobierno y Ministra de Trabajo yo quiero reiterar, tal como he manifestado al principio de este escrito, mi máximo reconocimiento por su excelente trabajo. Pero igualmente debo decir que yo he conocido a otro Ministro de Trabajo (hombre, ese sí) que merece ser recordado como el ministro de Trabajo más valiente y comprometido con la clase trabajadora de cuantos han pasado hasta hoy por la sede de los Nuevos Ministerios.

CRUCIFIXIONES, por José Luis Puerto

CRUCIFIXIONES, por José Luis Puerto - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo

José Luis Puerto
CRUCIFIXIONES, por José Luis Puerto

    Ahora que se aproxima el tiempo vacacional de la Semana Santa, en que quienes pueden se irán a disfrutar de unos días, de modo ruidoso e inconsciente, como si viviéramos en el mejor de los mundos (mientras les toque a otros padecer, todo es bueno); ahora que estamos en este tiempo cuaresmal, ya sin significado para casi nadie, es bueno hablar de crucifixiones.

    Esas crucifixiones a las que los poderes del mundo, los poderes de todo tipo, someten a determinados pueblos del mundo, que no han hecho absolutamente nada, para merecer tan aciaga suerte.

    Y hemos de hablar de las crucifixiones que sufren desde hace más de un año las gentes sudamericanas y latinas, los latinos, perseguidos impune y arbitrariamente en Estados Unidos y tratados de una manera cruel, sufriendo días y días en campos de internamiento, que son verdaderos campos de concentración de nuestro tiempo. Y ante lo que apenas nadie está diciendo nada, salvo algunos cantantes y minorías ciudadanas que levantan la voz.

    Y hemos de hablar de las crucifixiones que está sufriendo el pueblo palestino de Gaza (y también el de Cisjordania, al que están arrebatando su propio espacio geográfico y vital), en estos últimos años, siendo exterminado, con pérdidas humanas de miles de personas, incluidos tantos niños, y haciéndolo sobrevivir entre ruinas y en condiciones infrahumanas, con todo tipo de carencias.

    Una crucifixión de la que ya nadie dice nada, porque ya no está en el primer plano informativo, porque ya nos la hemos quitado de encima, de delante de nuestros ojos. Y, sí, hubo una reacción mundial –ejemplar la española, desde los días de la pasada vuelta ciclista– contra el genocidio palestino cometido por los dirigentes israelíes. Pero, ahora, ay, ya nos hemos desentendido.

    Y hemos de hablar de las crucifixiones de otros varios pueblos, víctimas de las dinámicas de los poderes y de los poderosos, de las endiabladas geopolíticas que le niegan el pan y la sal a determinados pueblos.

    Entre tales pueblos que sufren crucifixiones y a los que se les está negando el derecho a existir, se encuentran, por ejemplo, los saharauis, a los que hemos dejado ahí, abandonados a su aciaga suerte, sin que nunca se haya ejecutado jamás aquella resolución de la ONU, de hace tantos y tantos años, de que el pueblo saharaui realizara un referéndum para decidir sobre su soberanía como pueblo.

    Entre tales pueblos, se encuentran también los kurdos, con el sueño, tan dilatado como incumplido, de habitar en un país propio, soberano, desarrollando plenamente su cultura.

    Y, entre tales pueblos, se encuentran también los ‘rohingyas’, tan masacrados en Myanmar… Y tantos y tantos otros, que habríamos de completar, continuando la enumeración y transitando por los renglones de la conciencia…

     Crucifixiones…

    Mi maestro José Ángel Valente hablaba del honrado pueblo soberano. No siempre lo puede ser.

     Lo crucificamos tantas y tantas veces…

    ¿Y no desclavaremos tantas y tantas cruces, a las que sometemos a pueblos que no merecen tal destino?

UTILICEMOS CON CONRRECCIÓN EL LENGUAJE, por Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya

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