GRACIAS ÁGUEDA, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Hace calor, mucho calor, tanto que las calles en las horas del mediodía son un castigo peligroso. Además, las noticias que me llegan, son también duras, y el dolor de la perdida de Adrián, aún lo tengo cercano. Con toda esta carga, solo encuentro un refugio, nuestro río, el Águeda, y a éste me dirijo a estas horas en las que está más solo, las de mediodía.
Él me acoge como a un viejo amigo, pues desde niño soy asiduo a sus aguas. Ya sumergido en ellas, voy soltando el calor del día, lo que sería ya suficiente para estarle agradecido. Pero no solo es eso, sino que además, la sensación de relax que me proporciona estar en medio en este charco de La Pesquera, es toda una gozada para la vista, que queda envuelta entre tanta belleza.
Salgo del agua bastante recuperado de los avatares diarios, tanto de los personales como de los que nos rodean llegados del mundanal ruido.
Gracias Águeda, por todo lo que me quitas de encima y lo que al tiempo me das. Por estar siempre ahí esperándome, por no fallar en tus beneficios, por acunarme con tus tranquilas aguas, por envolverme con tu belleza y por sacarme de ti sin calor y sosegado. Por acunarme entre tus arrullos, y así hacer que no lleguen a mí los tristes ruidos de la vida, mientas estoy en tus aguas. Y por conseguir que al salir de ti me sienta más fuerte para enfrentarme a ellos.
Gracias Águeda.
