LO BAILAO, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Llegaron a caballo y el centro de la ciudad coparon. Eran muchos y muy garbosos, y tanto más, sus caballos.
Hicieron al público gozar con sus cabriolas y trotes, cargados de estilo y elegancia.
Todo esto duró tres días, en los que la gente, no solo tenía a los caballos como espectáculo, si no que había diversión a cargo de bailarinas que no descansaban, pues bailaban y bailaban sevillanas día y noche. Incluso un grupo rayano portugués, se nos presentó cargado de sevillanas. ¡Quién nos lo iba a decir, y que la colonización de lo andaluz iba a llegar hasta ahí!
Y el domingo por la tarde, situado en una terraza de Torres Villarroel, en Salamanca, contemplaba el espectáculo del espectáculo, viendo pasar el gentío, y claro, también muchos conocidos. A algunos, hacía media vida que no los veía, por tanto, toda una alegría y una satisfacción para mí el reencuentro con ellos.
Luego, el motivo por el que desfilaban todos, Morante, que no ha defraudado, y toreó como él solo lo hace, a decir de aquellos que entienden.
Después, ya es lunes, pero... ¡Que les quiten lo bailao! Me da que no pueden, dado todas las sevillanas bailadas.