BLUES AND BLUS: IRONÍAS DE LA VIDA EN EL JARDÍN, por José A. Blanco
Habla el lirio con el jazmín mientras el lilo, muy a su pesar, florece en medio de la trifulca ambiental, esa cuyo relato forma parte del mentidero de la milonga. Tiempos preocupantes, susurra el arbusto apagado escuchándose a sí mismo a la vez que llora hojas decrépitas entre incomprensibles brotes de retoños primaverales. No es tiempo de verbena floral, insiste. Ventoleras de olor efímero aromatizan un otoño revuelto a sabiendas de las dificultades por el impacto de aires perversos. El lirio y el jazmín, de reojo, chismorrean cómplices de un guiño que se mofa a espaldas del lilo perdido, ese que busca el resplandor de la luz que ilumine la senda de contrastes otoñales cada vez más apagados por la frialdad de los colores que no vienen a cuento en una mezcla de tonos cálidos que, sin las proporciones adecuadas, acabarán ensuciados.
