LOS MISERABLES, por José A. Blanco
Sentado frente al escenario del, entonces, Apolo de Madrid. En la plaza, Tirso multicultural sueña porque los días se van sin ninguna esperanza. Suena, magistral, la obertura y vuelve, inconscientemente, el recuerdo de la primera versión. El diálogo inevitable de matices enriquece y eterniza la esencia condenada a repetirse. La puesta en escena sobrecoge mimetizándose con el exterior que entra y sale de la “historia”. La opinión a merced de los colores y el telón permanece abierto.
