DE LA CLAUDICACIÓN, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Son varios los días que lleva en obras la bóveda de Amayuelas. La razón de las mismas, me dicen, que es para hacer en ella un paso de peatones, cosa que como todos sabemos, tiene su peligro, pues si los viandantes bajan o se salen de él, es entonces más peligroso, por lo que supongo que llevará su vallado correspondiente, al cual no le acabo de ver la forma que pueda tener, para no ser un pegote.
Ahora bien, me pueden decir que, con ello, se trata de evitar un mal mayor, pues, aunque estaba prohibido que los peatones circularan por ella, verdad es, que éstos no obedecían y pasaban por la bóveda con el consiguiente peligro. Cierto es también, que la forma de prohibición se quedaba tímida, quizá hubiera que haber experimentado con otra más agresiva y clara, antes de pasar directamente a claudicar ante una sinrazón.
Lo cierto es, que ya está hecha la cesión a los desobedientes, ahora esperamos tenga ésta en el paso, el cierre más seguro y menos pegote posible, no sea que vaya a ser peor la solución que el problema, o como diríamos coloquialmente, el remedio que la enfermedad.

