VACÍA Y CURATIVA, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Un año más aprovecho estos días de ruidos moteros en Ciudad Rodrigo para marcharme al Atlántico.
Allí, solo prácticamente me dedico a mirarlo para contemplar su grandeza, su fuerza, su belleza y su estar tranquilo o con bravura o resaca. O sea, como siempre, siempre igual y siempre distinto.
Yo mientras paseo su playa, esa que a los catorce años me perdonó la vida, cuando entré en él teniendo una fuerte corriente que no me dejaba alcanzar la orilla.
Lo recorro pensando en la nada, aparte de no leer ni oír ninguna noticia. Sólo cielo, playa, mar y, bueno, alguna que otra espectacular bañista que aumenta la belleza del entorno.
Y así tres días. No son muchos, pero con su vacío te dejan lo suficientemente repuesto, para volver con fuerza al mundo que nos golpea con su violencia habitual, y del que solo se puede descansar así, estando uno en este conjunto vacío del entorno marino, que te llena de paz por su belleza y tranquilidad tan vacía como curativa.