'UN RARO OFRECIMIENTO' (LA POESÍA DE MARIANO CASTRO), por José Luis Puerto - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo
'UN RARO OFRECIMIENTO' (LA POESÍA DE MARIANO CASTRO), por José Luis Puerto De
vez en cuando, tenemos suerte y nos acude a visitar la poesía
verdadera, tan escasa, tan esquiva, tan retraída… Cuando advierte
algún peligro, territorios hostiles, se retira, como el alma, hacia
sus territorios; un ángulo le basta. Porque la poesía –como
dijera el querido José Ángel Valente– no tiene público, tiene
lectores.
Y
esta vez nos visita esa poesía verdadera a la que aludimos de la
mano de Mariano Castro (Zaragoza, 1954), médico y poeta, un retirado
en Trasmoz, a orillas del Moncayo, ese dios que ya no ampara, como
dijera José Antonio Labordeta, esa cima tutelar, a la que Mariano
Castro dedica el hermoso poema ‘(Moncayo)’,
al que llama “tótem antiguo” al que el poeta recita su gratitud.
Y,
a través de Mariano Castro, nos visita esa poesía verdadera, con su
último libro ‘Del giro en la quietud’ (Olifante, Zaragoza,
2025), un poemario marcado por la melodía de la levedad y que
transita, con voz propia por ese territorio que el poeta mismo nos
delimita, a través de citas y de nombres, como los de Juan de la
Cruz, la poeta sefardí Clarisse Nicoïdski, José Ángel Valente,
María Zambrano (de modo indirecto, a través de sus ‘claros del
bosque’) o el también escritor judío sefardí Elías Canetti.
Pero,
en el propio título, hay un término, un concepto, que no se nos
debe escapar: “quietud”. Estamos ante un guiño. Tal quietud, que
adopta el poeta como bandera, como un modo de estar en el mundo, se
halla ya, y de qué modo, en ese místico heterodoxo aragonés que
fuera Miguel de Molinos, en su maravillosa ‘Guía espiritual’.
Toda
una cartografía creativa que nos muestra las claves del tránsito
del poeta: la mística, la ascesis de la palabra, así como las
poéticas contemporáneas de la esencialidad y del silencio. Que no
es poco. Y Mariano Castro, a través un decir leve que marca también
la extensión de cada poema, en las tres partes en que se estructura
poemario, desarrolla una suerte de meditación, de ‘meditatio’,
de decir meditativo que nos impregna el ánimo.
Podemos
entender el libro –y así queremos hacerlo– como “un raro
ofrecimiento” (en expresión utilizada por el poeta); un
ofrecimiento de un yo a un tú, tal y como también nos sugiere la
cita inicial del poeta francés Bernard Noël
Hay,
sí, un continuo ejercicio de ascesis (levedad, dicción sobria,
cierto laconismo…); una profesión de existir a través del
ejercicio místico y sanjuanista de la negatividad: no te hagas…,
no reclames, no exijas, no busques, no pretendas…; así como una
propuesta del vaciarse… Tal elemento, de distintos modos, atraviesa
el libro. Para el poeta, este es un camino hacia una sabiduría que
consigue “quien se olvida a sí mismo”.
Pero,
en él, hay varios territorios esenciales que se interconectan y que
configuran el decir del autor: el paisaje, la naturaleza (sentido de
la espacialidad); el tiempo (sentido a la altura de la edad y de la
experiencia vivida); y la indagación en la propia psique, en la
psique del ser humano.
Si
recurrimos al paisaje, al territorio, nos aparece Trasmoz, el
Moncayo, el lugar investido de “música infinita”, el invierno,
la nieve, el bucolismo (esquilas, rebaño). Es un elemento que
también atraviesa la obra de modo transversal.
Lo
mismo que esa suerte de introspección psíquica, en la que aparecen
claroscuros, y en la que nos encontramos con esas estéticas barrocas
y quevedianas del humo, la ceniza, el polvo enamorado, el dolor o la
muerte, que desembocan en la nada. Porque hay, sí, en ‘Del giro en
la quietud’, una tensión barroca de claroscuro.
Y
tal claroscuro está marcado por infinidad de dualismos que también
marcan el significado, los significados del poemario. Tales dualismos
son de varios tipos: espaciales, psíquicos, temporales, cósmicos...
Nos decidimos a enumerar algunos, ya que nos parecen claves para
entender la obra: canto / silencio; altura / valle; poder / arte; día
/ noche, noche / luz perdida ; paz / sufrimiento; condena / gracia…
y otros más que marcan el sentido de este decir.
En
fin, todo lo hasta aquí indicado no son más que sugestiones,
surgidas al hilo de la lectura ‘Del giro en la quietud’. Un libro
en el que el autor, Mariano Castro, nos realiza una invitación, con
la que, recogiendo el guante que el poeta nos lanza, nos quedamos:
“escucha
con fervor / el susurro inaudible de la vida: / en su ritmo está el
tiempo / y en él te encuentras tú.”
De
vez en cuando, acude hasta nosotros la poesía verdadera, la palabra
que requiere una vida intensa del espíritu para alumbrar una belleza
esencial, marcada por la melodía de la levedad, frente a tantos
excesos.
Esta
vez nos visita de la mano de un poeta maduro, con una hermosa obra
lírica publicada, que sabe que el creador ha de permanecer en su
lugar, ha de crear un lugar ético y estético.
Porque
la poesía no está en los escenarios, ni en los primeros planos, ni
en los suplementos periodísticos muy publicitados… Es huidiza,
como el alma. Está en determinados lugares (un término, 'lugar',
clave en nuestro poeta); entre otros, en los versos de Mariano
Castro.