LA SOMBRA DE LA SOSPECHA, por José A. Blanco
Un día más o menos, según se mire. Ante el hedor fatídico hay quien reniega y recurre a la objeción, cada vez son más, no sé si suficientes. Crece la desconfianza. A la vuelta de tanto recogimiento, duele el alma porque el alma duele cuando está herida de impotencia. Y es más lamentable al ver los ojitos sonrientes a la entrada del cole despidiéndose con un beso, el que ya quisiera Judas para él.
