NOCHE
DISTINTA,
por
José Luis Sánchez-Tosal PérezEran como pasadas las nueve de la noche, cuando salí a dar el paseo de después de cenar. Inmediatamente noto que hay algo distinto en ella, y no es precisamente el clima, que después del día agobiante de calor, empezaba a traer aires frescos, ni el entorno físico que era exacto al de todos los días. Lo que le pasaba al día y lo hacía diferente era la falta de gente en él, así como el muy mermado tránsito de vehículos.
Naturalmente que sabía a qué era debido, y es que había partido del mundial, y jugábamos "nosotros", es decir, España. Caminaba pues casi solo, y las pocas personas que me encontré, el número de mujeres triplicaba con mucho al número de hombres.
Estaba al principio del paseo y ya había oído el rugir, procedente de todas las casas, bares, bancos del parque... el grito de... ¡Gooool! El que obviamente, habíamos metido nosotros.
Después más de lo mismo. La tarde seguía teniendo las calles solitarias y silenciosas, lo cual me hacía extrañar todo, parecía que caminaba a pesar de serme tan conocido el entorno, por un mundo distinto. Y naturalmente, como más plácido y más dado a la observación y absorción de todo.
Ya desde ese balcón privilegiado que es la Puerta de Santiago, vuelvo a oír, como desde la Alameda sube con fuerza la mágica palabra ¡Gooool! Y con ella el consabido alboroto que desde el río sube a la ciudad y la envuelve en una alegría común.
Después vuelven los ruidos, los grupos de gente que con la camiseta roja surgen por todas las calles con alegría y algo de alborozo, mientras los coches aparecen de nuevo con algún que otro bocinazo de saludo.
La alegría se palpa y se transmite por el aire de toda la ciudad, como supongo está pasando en todas las ciudades de España. Y entonces grito para mis adentros...¡Gooool! Grito, qué es capaz en tiempos tan duros, de hacer feliz a la gente y con él que estoy seguro que hasta los árboles de la Alameda han sentido que estaban en una noche distinta.
Veremos si esta noche con Portugal, tenemos la suerte de vivir la misma satisfacción.