ANSIAS DE LA PRÓXIMA, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Hay nerviosismo y prisas en los jóvenes, y en sus papás. El sol calienta, pero la gente se aprieta en las terrazas. Uno se pregunta qué pasará, y en realidad no pasa nada y pasa todo.
Ese todo festivo que es el pregón, las charras en la calle, los cabezudos espantando niños y las gentes del pueblo, llegadas de todas las partes, saludándose.
Luego el baile en la plaza, que los chavales terminan en el parque con la luz del día. Y así, tres días, hasta culminar con la novillada en la plaza de toros, no sin que antes más de medio pueblo con sus coches, hayan ido a la finca para volver con el camión que trae al toro.
No hay ganas de que se acabe este jolgorio, que es una bendición que nos aleja de los sinsabores del año, y de todos los dramas que nos acompañan a diario. Es como si las alegres castañuelas tuvieran el poder de espantar todas y cada una de las penas.
En este momento, ya domingo por la tarde, las castañuelas suenan, como si no hiciera tres días que han estado presentes en todo y todas partes, mientras la charanga trata de competir con ellas, y la gente bailando a sus compases, sin dar síntomas de cansancio, pues la explosión de júbilo que hay dentro de todos y cada una de las gentes del pueblo, quisiera ser eterna.
Seguro que la fiesta acabará, pero en todos los pueblos y en cada uno nosotros dejará este estar viviendo inhibidos del mundo diario, como un gran bálsamo y por tanto con ansias de estar ya en la próxima, y así, creo, en todos los pueblos de España.