LOS BONDADOSOS (ESTADOS DE "GUASAP"), por José Luis Puerto
Me gusta la definición que da el diccionario de la RAE del galicismo ‘bonhomía’, incorporado plenamente a nuestro idioma: “Afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento.”
Y me gusta porque, afortunadamente y pese a que parezca lo contrario, en una sociedad que algunos, por perversas estrategias, quieren convertir en una sociedad polarizada y crispada, aún se practica la bonhomía. Y creo que más de lo que parece.
La practican, claro está, los bondadosos, esa estirpe de seres humanos que es la que da mejor razón de lo que debiéramos ser. Todas las sociedades tienen sus postulados, sus filosofías y sus corrientes espirituales que apuntan a la bondad, como el gran ideal humano.
Ahí están la filosofía estoica clásica, o el ascetismo cristiano, o las corrientes franciscanas, o las posturas contemporáneas tan ejemplares de Gandhi, de Martin Luther King, de Teresa de Calcuta…
Porque la bondad es un faro iluminador, es una llama que mantiene y sostiene lo mejor del ser humano. Se plasma en esa bonhomía a la que acabamos de aludir.
Y tal bonhomía la percibimos, por ejemplo –y aquí nos trasladamos hasta ese presente tecnócrata que vivimos y sufrimos y de cuyos bienes (que los tiene también) podemos al tiempo beneficiarnos–, cuando, entre nuestros contactos, curioseamos, cuando los ponen, sus estados de “guasap”.
En tales estados, hay de todo. Aparece lo anecdótico, lo trivial, también los alardes, lo social, lo publicitado, lo político, lo creativo, lo solidario, lo utópico… lo íntimo, pero también esa bonhomía a la que aludimos.
Horacio siempre, dentro de una cordialidad marcada por los buenos deseos para todo el mundo, va poniendo estados que siempre apuntan al buen ser, al buen hacer, al buen comportarse, a las buenas maneras y modos en el trato con los demás.
José María, con un vídeo bien elegido, cordial y con músicas protectoras, sugestivas y envolventes, nos desea lo mejor cada día, con un gesto de atención y delicadeza, que siempre son de agradecer, en un mundo en el que pareciera prevalecer siempre lo inhóspito.
Y esos estados de “guasap” son manifestaciones –quiero fijarme hoy en ellas– de esa bondad, de esa bonhomía, de esa cordialidad, de esa fraternidad… de las que estamos tan necesitados.
Alguien dijo que la forma más alta de inteligencia es la bondad. Creo que se viene repitiendo tal aserto desde antiguo.
Sí, porque la inteligencia, en el recto sentido, consiste en entender el mundo, entender cuál es el blanco de nuestro destino, del destino de todos, que no puede ser otro que el del amor, que nos permite ver a los otros como los ve la divinidad (tal y como formulara Jorge Luis Borges en un poema memorable), y ser consecuente con ello.
De ahí, la importancia de la existencia de los bondadosos, porque, al igual que el oxígeno purifica el aire, ellos purifican también la condición humana.
