LA VIVIENDA COMO PROBLEMA, por José Luis Puerto
Miramos
para otra parte. Evadimos como sociedad problemas que sufren no pocos
de nuestros conciudadanos. La gobernanza se ve impotente para abordar
ese derecho de todos a tener una vivienda digna, pues los intereses
económicos, tan poderosos, poseen más poder e influencia que la
propia acción política.
Estos
pasados días de las fiestas navideñas, los medios de comunicación
transmitían imágenes de abundancia, boato, consumo, lujo, excesos…,
que daban (y dan de continuo) una imagen falsa y no real de las vidas
de un considerable número de ciudadanos.
Al
tiempo, en determinados reportajes, se habla de un problema, este sí
real, que sufren cada vez más ciudadanos, como realidad o como
amenaza, que es el “sin-hogarismo”, esto es, el de las gentes sin
techo, o el de ‘los sin techo’, como se llama ya desde hace años.
Y
se ponía el dedo en una llaga: cada vez desciende la edad de los sin
hogar o de los sin techo; cada vez sufren este problema las gentes
jóvenes, aquellos que no han llegado ni a los cuarenta años.
Pero
hay una ferocidad, metida desde hace tiempo en el ADN de no pocos
sectores españoles que se lo pueden permitir, de que hay que tener
una vivienda para especular, para arrendarla o alquilarla y sacar
dinero, a costa de lo que sea.
Sin
hablar ya de ese otro grave problema de cómo los llamados fondos
buitres y especuladores violentan a antiguos renteros para que
abandonen viviendas en las que residían desde hace años, con rentas
adecuadas, porque han adquirido determinados edificios para especular
y seguir enriqueciéndose.
Otro
aspecto muy grave, pero que ya ni siquiera es noticia en la mayoría
de los casos, es el de los desahucios de viviendas, por mil motivos.
Algo que provoca la angustia y la desesperación en quienes padecen
esa tragedia.
Y,
por otra parte, el desfase entre lo que se obtiene de sueldo al mes
en no pocos trabajos y lo que luego ha de pagarse por un alquiler es
tan acuciante que, pese a tener un empleo, muchos de nuestros
ciudadanos no pueden asumir una mínima vida digna.
Hay
otro aspecto que, estos días de atrás, también subrayaban
determinados medios de comunicación: cada vez, debido al
encarecimiento de la vivienda (ya sea comprada o ya alquilada), se ha
de vivir en espacios más reducidos, lo que termina provocando en la
gente problemas psíquicos.
Un
elemento más de este problema de la vivienda, tan poliédrico, es
que, desde hace años, gentes desconocidas entre sí y con realidades
muy diferentes han de compartir habitaciones en un mismo piso, lo que
supone otra agresión psíquica para cualquier individuo.
Y
es que, en estas pasadas Navidades, podíamos observar, si nos lo
proponíamos, cómo esa nueva religión que es el dinero, crea nuevos
portales de Belén, crea nuevas realidades humanas que sufren los sin
techo, los sin hogar, pese a que el país en el que vivimos tenga una
constitución que proclama el derecho de todos los ciudadanos a la
vivienda.
Es
un problema muy grave que tiene nuestra sociedad, cada vez más
injusta en este como en otros aspectos. Pero se imponen los intereses
de la insolidaridad y del egoísmo. Y, además, la mayoría se
desentiende, mira para otra parte.