EL RELOJ DE LA COCINA, por Santiago Corchete Gonzalo
EL RELOJ DE LA COCINA
Al humilde reloj de la cocina
se le ha ocurrido detener las horas
de su puntualidad sin previo aviso.
La voz de las agujas incansables
era como la ley que escribe el orden:
inaudible, solemne, fría y dura.
Todo ha quedado oscuro, impenetrable,
sin dar vueltas alrededor de Nada.
¿Cómo salir del cruel atolladero?
Cual un desharrapado pordiosero,
recurriré a otras fuerzas infinitas:
quiero una pila, Dios, ¡¡ dame una pila...!!
