AUSCHWITZ, por José Luis Puerto - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo
AUSCHWITZ, por José Luis PuertoEl
pasado 27 de enero, hace unos días, se celebraba el octogésimo
aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de
Auschwitz en la Polonia ocupada. Asistían a tal acontecimiento, allí
mismo, ‘in situ’, varios dirigentes mundiales, así como algunos
de los pocos supervivientes que aún quedan de aquella barbarie, uno
de los descensos más monstruosos, en nuestra contemporaneidad, del
ser humano a los infiernos de la crueldad y del horror.
Hitler
había desarrollado en el campo de exterminio nazi de
Auschwitz-Birkenau, así como en otros del estilo, una monstruosa
maquinaria de muerte, con más de un millón de víctimas, judíos la
mayoría, pero también minorías de varios tipos y condiciones.
El
gran poeta judeo-rumano, que creara toda su obra en alemán, Paul
Celan, publicaría en 1947 un poema, escrito entre 1944 y principios
de 1945, titulado “Fuga de la muerte” (“Todesfuge”), uno de
los textos más importantes que conmemoran a las víctimas del
Holocausto, incluido en su libro ‘Amapola y memoria’ (1952)
Este
pasado y tan reciente 27 de enero, en la conmemoración que
indicamos, los supervivientes de Auschwitz clamaban contra el
antisemitismo y la ultraderecha. Volvió a resonar el mensaje de
“nunca más”.
Leon
Weintraub, casi centenario y uno de los supervivientes, dijo que: “La
conmemoración del aniversario de la liberación de Auschwitz sirve
como recordatorio sobre el trato inhumano a las personas y como
advertencia contra los movimientos cada vez más ruidosos de la
derecha radical y antidemocrática”.
Y
habló, además, del dolor que produce ver desfilar “abiertamente
uniformes y eslóganes de estilo nazi en marchas por toda Europa”;
al tiempo que denunciaba cómo los “autoproclamados nacionalistas
defienden la misma ideología de odio que los nazis alemanes”; una
ideología que ensalza “el racismo, el antisemitismo y la homofobia
como virtudes”.
Auschwitz,
sí, debe ser hoy un recordatorio para que seamos consecuentes y
evitemos la vuelta de una barbarie que ya sabemos, por la historia,
dónde conduce; una barbarie alimentada y atizada por los discursos
de odio; por unas políticas marcadas por el matonismo y la
contravención de los principios que rigen las sociedades
democráticas, que se saltan a la torera; por el crecimiento de
partidos y prácticas antidemocráticas; por actitudes racistas,
homófobas, de ataques contra todo tipo de minorías; de actitudes
violentas y belicistas… Y así podríamos seguir con una
enumeración que recogiera los males que nos asedian, y que
encajarían en ese significativo título faulkneriano de “el ruido
y la furia”.
Hemos
de favorecer, de impulsar, de practicar, como ciudadanos, que es como
podemos hacerlo, prácticas de entendimiento, de aceptación de los
otros, de tolerancia, de diálogo, a través de actitudes pacíficas
y serenas.
Es
lo que podemos hacer contra los matonismos, los discursos de odio,
las estrategias de polarización de nuestras sociedades, en
definitiva, ese ruido y esa furia televisados, ay, de continuo, y que
–las imágenes hablan por sí solas– suponen una nueva
crucifixión del ser humano en esa cruz de la barbarie que algunos
quieren que vuelva.
Seamos
consecuentes. Auschwitz no se puede banalizar. Es un recordatorio en
carne viva de los caminos a que condujo y puede conducir, si no
ponemos líneas rojas, la barbarie.