Ateneo Virtual Mirobrigense es un blog de opinión ubicado en Ciudad Rodrigo, en el que se expresan las inquietudes, ideas y pensamientos de los articulistas sobre temas diversos, actualidad, cultura, sociedad, con especial atención a Ciudad Rodrigo y su Tierra, y La Raya con Portugal. Opinión variada
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13 junio 2025
YO QUE NO SOY, por Mara Guadalix
12 junio 2025
SIN ÉTICA NI ESTÉTICA (XVIII): DIOS NOS LIBRE DE ESTOS CREYENTES, por Ángel Iglesias Ovejero
SIN ÉTICA NI ESTÉTICA (XVIII): DIOS NOS LIBRE DE ESTOS CREYENTES, por Ángel Iglesias Ovejero
A finales del siglo xx, la gente de buena fe daba por hecho que se habían acabado “las guerras de religión”. Esa clase de personas no suele tener fama de muy inteligente, pero seguramente soñaba con lo que deseaba, que no era algo irrealizable: vivir en paz. En todo caso, lo creían muchos hombres y mujeres de Europa y Oriente medio, donde tales conflictos bélicos, prácticamente, remontan a los tiempos del Imperio Romano, donde el dios principal venía a ser el Estado, encarnado en el Emperador, pero se toleraban otros dioses o diosecillos, casi tan numerosos como las manifestaciones de las fuerzas ocultas en la Naturaleza. Quizá el modelo existiera de antes en Egipto, dicho sea con permiso de los historiadores de las religiones. En el siglo iv, los Cristianos se postularon como herederos del monoteísmo de los Judíos y, por así decir, se quedaron con el santo y la limosna de aquel Imperio, aprovechando las circunstancias favorables para dividirse entre ellos por cuestiones de jerarquía y de teología, declarándose herejes y cismáticos unos a otros. Así, en el siglo vi, ofrecieron espacio al monoteísmo de los Musulmanes, que se quedaron con los “santos lugares”, y así dieron motivo para que, hasta el día de hoy, sus precursores quieran recuperarlos por todos los medios. En esas estamos.
Estos monoteístas tienen de la religión una visión algo empresarial, o comercial, que se traduce en un proselitismo beligerante. Dicho sin exceso de retórica, defienden la existencia de Dios (el suyo) con las armas en la mano y asientan sus convicciones en la cantidad de fieles o creyentes que las comparten, o sea la “religión verdadera”. Hasta ahora no parece que este complicado concepto repose en una especie de consenso democrático, porque está al alcance de cualquiera comprender que difícilmente con la suma de muchos errores se pueda fabricar una sola verdad. De hecho, hasta ahora no se tiene constancia de que alguien haya propuesto decretar la existencia de Dios mediante un referéndum. El asunto de la religión auténtica o verdadera se resuelve mediante la revelación divina a algún legislador, que tampoco tiene unas garantías muy claras de percepción, a no ser que se tenga de antemano la íntima convicción o se la inculquen otros creyentes autorizados. Por esta vía llega la noción de pueblo elegido, que, en la “cultura occidental” acuñaron los seguidores de Moisés, y ahora tiene imitadores por doquier, aunque los más adictos se sitúan del otro lado del Atlántico y, por supuesto, del Mediterráneo oriental.
La idea de ser el pueblo elegido quizá hiciera a los judíos menos proselitistas que otros monoteístas del frondoso tronco de Abraham, pero no eran menos xenófobos y belicosos, capaces de exterminar a sus vecinos en nombre de Dios (hoy lo siguen haciendo, con permiso de los americanos, otros auto-elegidos). Los musulmanes predicaban la guerra santa, los cristianos las cruzadas (“Dios lo quiere”, frase tomada de una epístola de S. Pablo, se convirtió en lema de guerra, en la primera de ellas, 1095). Unos y otros pensaban ganarse por ese medio el billete para entrar en el cielo, a pesar de que uno de los mandamientos de la ley de Dios, explícitamente, prohibía matar (sin excepciones expresas). En la cacareada cultura medieval de “las tres culturas”, Cristianos, Moros y Judíos se trataban de Perros, que no era una caricia verbal, ni mucho menos. En alguna obra del erudito Don Juan Manuel, valiéndose de la polisemia nominal evocada en el mote colectivo, se considera que los caballeros que copulaban con las morillas, por Jaén y otros territorios fronterizos, caían en el pecado de la bestialidad.
La depuración religiosa contra creyentes de raigambre semítica se practicó, eficazmente, en la Península durante los siglos xv-xvi; pero no fueron menos crueles las guerras entre católicos y protestantes en toda Europa. Sin embargo, los catecismos tridentinos recordaban que los diez mandamientos se resumen en dos: “Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a sí mismo”. En teoría, todo el mundo era prójimo, incluso los castellanos para los portugueses, según se cuenta en el anecdotario de Melchor de Santa Cruz: Os mouros son próximos, os judeus son próximos, y aun os castejaos son próximos (Floresta, 7ª II: 185). De los esclavos negros y de los indios “salvajes” no se habla allí en ese sentido. Aquella formulación catequística venía a ser un eufemismo monumental, porque no se respetaba ningún mandamiento. Ni siquiera el séptimo, que era el único que no se perdona en el sacramento católico de la confesión, si no hay restitución de por medio. Ahora bien, ¿se ha restituido algo a los pueblos “colonizados”? Cara les ha salido la civilización (¿como quizá lo será el deshumanizado progreso que nos acecha?). Con no ser esto moco de pavo, en la perspectiva histórica, lo más llamativo resulta la idea implícita de que el sacramento verdadero es la propiedad privada, y el ministro idóneo el notario (Un colega suyo, de Ciudad Rodrigo, lo decía más o menos así).
Cualquier fanático de estas religiones, que se crea en posesión de la verdad revelada no dudará en exterminar, en su Nombre, a los “enemigos de Dios” (entre los cuales, lógicamente, no se incluyen a sí mismos). Lo hicieron en la “Cruzada” los nacionalistas católicos. Presumiblemente, ahora o más adelante Judíos, Moros y Cristianos fanáticos estarán dispuestos a utilizar la bomba atómica, como hicieron los americanos en Japón (“para salvar vidas”, según parece). A principio de este siglo, un presidente americano y un primer ministro inglés, con el jefe de gobierno español en funciones de mamporrero asnal (dicen los malhablados de Robleda), se dieron el gustazo de eliminar a un dictador iraquí, con el pretexto de que tenía armas químicas de destrucción masivas y había que salvar la Libertad (2003). Diez años más tarde el aludido gobernante inglés reconoció que era mentira, y los otros no lo han desmentido, sin que ninguno de ellos haya asumido responsabilidad ninguna.
Allí se abrió la caja de los truenos, o sea, las guerras de religión moderna, que para los gerifaltes de Norteamérica, Rusia e Israel, en lo que atañe a nuestro horizonte bélico, se imbrica en la “guerra comercial”. De modo que, cuando semejantes personajes se autoproclaman demócratas, liberales y creyentes, es para echarse a temblar.
Francamente, ¿a quién le gustaría tener de compañeros en el cielo, al Búfalo del Oeste, el Oso de la Estepa, el Halcón sionista, al Puerco-espín de la Pampa, por no hablar de sus imitadores ibéricos, galos, etc., entre los cuales aparecen algunas matronas y remilgadas señoras, algo viperinas?
'IN MEMORIAM' DE ÁNGEL MARTÍN CAÑO, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
'IN MEMORIAM', DE ÁNGEL MARTÍN CAÑO, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Hace unos pocos días nos dejó para siempre Ángel Caño. Lo hizo el día que enterraban a su madre, no sé si esperó a ello para no apenarla, no me extrañaría nada conociendo su sensibilidad, o si simplemente fue una jugada del destino.
Para muchos, ahora, decir Ángel Caño sea no decir nada, puesto que él llevaba ya muchos años viviendo en Madrid, pero hace más de 50 años fue un joven inquieto y bullidor, que formó parte de todas las acciones creativas y de protesta social en Ciudad Rodrigo. Alguien por tanto, que los que son de mi generación, siempre le recordarán como un inquieto instigador social.
Después el destino profesional lo llevó a Madrid, desde donde ahora se ha ido para siempre del único mundo que conocemos, pero en el que no solo nos ha dejado su recuerdo a los que convivimos con él en su inquieta juventud, si no que para todos los demás, dejó un sensible poemario titulado "Pinceladas de luz", que contiene delicadas palabras de amor a Charo, su mujer, que son dignas de ser compartidas por todos.
Dijo así:
ESA
LUZ
Insomne
en el corazón de la noche
Busco el cálido faro
de tus ojos
SOLEDAD
El día es un simulacro que precede a la noche.
La noche es el simulacro que precede al día.
Yo solo quiero
estar
entre tus brazos
TE HE DICHO TANTAS COSAS
que prefiero callarme.
Naveguemos
a bordo de una balsa
sin puerto de llegada,
sin destino.
CHARO: ME HE OLVIDADO LAS LLAVES DEL GARAJE.
¿Sabes lo que es estar sin coche?
Ahora
que me acuerdo,
¿Sabes lo que es estar sin ti?
CUANDO ME LLAME TIERRA
"...memoria de una piedra
sepultada entre ortigas"
Luis Cernuda
Cuando me llame tierra o sombra o nada.
Cuando yo solo sea
un escuálido monte de ceniza
similar al que dejan
los mismos cigarrillos que consumo
en poco más de un mes.”
Pues bien Ángel, me da que mucho después de lo que apunta este último poema, serás recordado por supuesto por tu hija Clara, y como no por Charo, tu mujer, a la que le dedicaste estos bellos poemas que creaste. Y por todos aquellos que se acerquen a ti a través de estos, que ya son inmemoriales.
11 junio 2025
VAYA PESADILLA, por José A. Blanco
VAYA PESADILLA, por José A. Blanco
La niña bonita, flor de pitiminí, sólo habla en cristiano porque ella es una y quiere seguir siendo única. Dice que se quita el pinganillo del rencor y se va morrito en ristre, o sea, que no juega, el otro lo deja para las acometidas de esa conciencia amarga, el sinvivir y la quedada del cerveceo con la “chupipandi”.
10 junio 2025
PROSEMAS VERDECIDOS, por Santiago Corchete Gonzalo
09 junio 2025
DE DISPARATE EN DISPARATE, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
DE DISPARATE EN DISPARATE, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Hoy no era mal día para hablar del calor, de la mina, de los últimos migrantes muertos, de la ruptura entre Musk y Trump, y de no sé cuántas cosas más. Pero como siempre, llega la presidenta de Madrid y con su hacer y decir, hace imposible hablar de otra cosa que no sea hablar de ella.
Anuncia que en la Comunidad de Presidentes si no hablan en castellano, ella se irá, y lo hizo, cuando habló el vasco y el catalán, pero no cuando lo hace el gallego que es del PP.
A esto hay que añadirle una lista de peticiones al gobierno de las cuales varias se podría aplicar a sí misma, como es la falta de médicos, como si en Madrid le sobraran. En fin, una vez más sus salidas sin tono ni concierto, que puede detectar cualquiera que esté algo enterado y atento. Y que esto sea un continuo hacer por su parte, siempre que hay reuniones de comunidades, con el gobierno, o celebración de fechas históricas, ya no llama la atención, pues sabemos todos que sucederá su mitin propagandístico sin remedio.
Ahora bien, que a este disparate en cadena le suceda otro disparate, y que después de todo esto no pierda apoyos, y más bien pueda elevar con ellos la cosecha de votos, pues como que ya es solo entendible porque la masa se mueve desde la desinformación, o porque ya están tan narcotizados con aires partidistas que les hace imposible tener un mínimo de claridad objetiva.
Lo malo, es lo que termina trayendo siempre esto, que es la libertad de hacer, de los políticos mediocres y de los poderosos económicos.
O sea, que vamos sin rumbo, y sin que a los que son los beneficiarios les importe hasta dónde nos puede llevar este peligroso cabalgar, ni los que los alzan, sepan bien a quién y para qué lo hacen.
No quiero ni imaginar en qué puede acabar todo este caminar de disparate en disparate.
08 junio 2025
CACOFONÍAS DE HIPÉRBOLE, por José Luis Puerto
CACOFONÍAS DE HIPÉRBOLE, por José Luis Puerto
Vivimos socialmente en la hipérbole, en la exageración continua, en las declaraciones públicas que no se contienen, que lanzan la lengua ante los micrófonos a muchos paseos innecesarios y estériles.
Los personajes públicos, que tienen una responsabilidad ante toda la sociedad, tendrían que contenerse, ser prudentes. No todo vale. Los exabruptos crean crispación en la sociedad y terminan desmoralizando a una ciudadanía que demasiado tiene con tratar de llevar una vida digna.
Una vida esforzada, sacando adelante a la familia, tratando de educar a sus hijos, intentando –tantos que carecen de ella– adquirir una vivienda que, ay, hoy y desde hace años ya, se ha convertido en un bien que tendría que ser social y que se ha sometido a la especulación para enriquecerse.
Pero estamos atacados por los gritos, por las hipérboles, por las banderas y las banderías, tan estériles en tantas ocasiones, cuando no arriman el hombro a mejorar la sociedad, a que el bien común sea el eje y el horizonte que impulse cualquier acción pública.
Y se nos somete a todas horas a esas cacofonías de los insultos y las descalificaciones, soeces y barriobajeras en tantas ocasiones, por parte de aquellos a los que se le supone una educación (que tantas veces brilla por su ausencia) y una responsabilidad por desempeñar cargos públicos, a los que siempre se les tendría que exigir el ser ejemplarizantes.
Mas la ejemplaridad supone altura de miras. Y, en nuestra sociedad, predominan los vuelos rasos, rastreros, de quienes se regodean y se escuchan cuando hablan en público y dicen barbaridades.
Porque, bien mirado, la ciudadanía, la mayor parte de ella, no es así. Es educada, respetuosa, cívica, trata, con su actividad vital diaria, con su esfuerzo diario, de mejorar el ámbito de los suyos y, a partir de ello, de todo el país.
La crispación es antisocial, es antiejemplar, es perniciosa para cualquier perspectiva del bien común. Y esas cacofonías verbales, esas hipérboles y exabruptos gratuitos y fuera de tono a todas horas son desmoralizantes para una perspectiva humanista y civilizada de país que nos merecemos.
El grito, el insulto, la hipérbole… y todo lo que ello trae, de exclusión de los otros, de agresión hacia los otros, de negación de las perspectivas de los demás nos llevan a continuos callejones sin salida.
Y habría que levantar la voz para poner en pie y sobre el tapete social las perspectivas de la fraternidad, de la concordia, del entendimiento, de arrimar cada uno el hombro hacia la perspectiva de bien común siempre, desde ese pequeño territorio en el que le esté tocando vivir.
Habría que apelar más a una ética de la responsabilidad, de la prudencia, del bien hacer, de la confianza…, en las escuelas, en los foros públicos, en los medios de comunicación, en todos los ámbitos de confluencia de la ciudadanía…
Solo así nos humanizamos y nos salvamos todos y cada uno de nosotros. Solo así tenemos sentido.
07 junio 2025
DE METEOROLOGÍA, por Santiago Corchete Gonzalo
04 junio 2025
SIN ÉTICA NI ESTÉTICA (XVII): EL VALLE DE JAUJA, ¿ESTÁ EN VILLASRUBIAS?, por Ángel Iglesias Ovejero
SIN ÉTICA NI ESTÉTICA (XVII): EL VALLE DE JAUJA, ¿ESTÁ EN VILLASRUBIAS?, por Ángel Iglesias Ovejero
Desde hace algún tiempo, en los medios de comunicación cercanos e incluso en algunas conversaciones, sale a relucir el nombre de Villasrubias, un pueblo del recóndito Rebollar, que hasta ahora forma parte de los territorios aspirantes a vaciarse en Castilla y León. Por lo visto y oído, las instituciones comunitarias parecen más bien inclinadas a allanar la desertificación demográfica, que, seguramente, consideran más rentable que no ocuparse de su mantenimiento en medio de la nada (sin política de natalidad, generalizada desasistencia, falta de servicios, lejos de hospitales, con apagones de la luz diarios, etc., etc.). Incluso cuando el progreso funciona a medias cuesta lo suyo. Les viene como anillo al dedo el interés mostrado por grandes empresas extranjeras en la extracción de “minerales, o tierras raras”, que se nos pintan como indispensables para la continuación del susodicho Progreso (¿hacia dónde progresamos y para qué?) y del sacrosanto Turismo. Así matan dos pájaros de un tiro (se ahorrarán gastos y conseguirán dividendos y prestigio ante otros países), a costa de estropicios en la naturaleza, el modus vivendi de bastantes vecinos (ganadería y explotación forestal). Las autoridades locales se han vuelto muy discretas, lo que no es de buen augurio, por lo que revela de estar a la espera de pescar en río revuelto. Algunos comarcanos (dueños de parcelas y presumibles conductores de máquinas) ya han mordido el anzuelo dorado (algunas centenas o miles de euretes) y otros inquietos. La mayoría andan perplejos o idos de la realidad, como quien se pasea por el limbo entre el sueño y la pesadilla. Nosotros mismos, a ratos, nos sentimos atraídos a ese espejismo de los laberintos oníricos, deambulando en las sombras, a ver qué pasa.
Cuando éramos chicos, contaba la gente vieja que el Pozo de los Moros (medio lleno de agua en invierno y solo de aire algo fétido en verano), se llamaba así por un motivo bien claro. Allí, fuera del tiempo y el espacio, vivía la Reina Mora. Era algo caprichosa y frescachona, que para eso era reina. Así que, en los calores caniculares, por un sendero cubierto de parras (algunos añadían que había alguna que otra todavía, pero sin uvas), bajaba a refrescarse en el Río Frío, de la cabeza a los pies, sin olvidarse de amollecer sus frondosas y nacaradas carnes (de lo cual se deduce que sus antepasados moros serían originarios de Suecia o la mismísima isla de Gotlandia). Pasaría el invierno aletargada, o sea, medio dormida o aburrida (porque no tenía parientes, ni pretendientes, ni sirvientes), en alguna morada hecha con canchales de oro, tomando baños de leche tibia de cabras o de burras, que se ordeñaban solas. Los que contaban estas cosas no explicaban las fuentes de donde sacaban tales cuentos (si las tuvieran no serían eso, cuentos). Así que tampoco se paraban a pensar si esta reina mora no tendría alguna prima hermana en Jauja, del otro lado del mar, donde hay un valle así llamado (Valle de Jauja). Allí, en aquella época (cuando no había españoles, ni indios, ni americanos, ni historia de gente semejante), corrían arroyos de leche y miel, y la ciudad estaba empedrada con quesos y turrones de almendra. Sobraba de todo.
Lógicamente, esto debía de suceder cuando había santos inocentes en el mundo y se creían todo lo que les contaban. Ahora, más bien, abundan voceros espabilaos, llegados de cualquier parte, aunque, concretamente, parece ser que quienes lleguen a ocuparse de los tesoros, por ahora en poder de los mangurrinos, son originarios de las antípodas. Esta gente, si tuviera las piernas bastante largas, podría rascarnos las plantas de los pies con los suyos. Más o menos, eso significa la palabra antípoda en griego. Tiene misterio su innata habilidad, porque, de ser cierta la redondez de la Tierra (una naranja grandísima) y estando tiesos en ella, no se caen para otros planetas, satélites y cometas. Sin embargo, la gente “enterada” da a entender que estos habilidosos forasteros no vienen para quedarse. Dentro del misterio que los envuelve, al parecer, es gente de paso (como los temporeros rumanos y los castizos gitanos). Con la ayuda de los primos autóctonos, se contentarán con escarbar en los suelos y subsuelos de Villasrubias y de otros serragatinos. Y cuando hayan explotado las minas, nos dejarán la mierda impura (el sábado pasado, en la manifestación de la Plaza, una pancarta lo decía con lenguaje cristalino: “La mina contamina”).
En la narrativa tradicional hay (o había) ejemplos muy instructivos sobre estas tomaduras de pelo. En El Payo sabían de una burra tan extraordinaria que, según sus nómadas dueños y promotores, cagaba pesetas rubias, de aquellas que valían su peso o más. Ellos mismos se encargan del prodigio, introduciendo previamente algunas monedas en la parte final del asnal intestino grueso. Los compradores, asentados en el convencimiento de su propia astucia, no perdían el tiempo en regatear y se quedaban con la burra. Para que la operación resultara más provechosa y rápida, en la pastura de la cena le pusieron doble ración de pienso. A la mañana siguiente, el animal se lo agradeció, generosamente, con la moneda que tenía a su alcance. Un copioso mojón, tan grande que no se podía abrir la puerta de la cuadra, de caballunas, muy bien moldeadas y muy adecuado a la credulidad de aquellos personajes que se creían listos y no lo eran. Bien mirado, la operación no fue del todo ruinosa. La mierda pura (caballunas, boñicas, cagajonis, gallinazas, e incluso pitorras humanas), mezclada con algo de paja, antaño era un excelente abono. Hasta los nuevos dueños de la burra estaban al corriente.
En Robleda, había un relato parecido, con una muñeca humanoide, sin duda precursora criatura de los seres inventados mediante la inteligencia artificial (IA). Nada más nacer hablaba o cantaba (¡Quiero cagar!, repetido), pero solamente para pedir el orinal, donde depositaba unas albondiguillas, tan bien gobernadas que estaban para comérselas, si no hubieran sido de oro en otros tiempos, y más tarde, de lo mismo que las presuntas pesetas de la susodicha burra, que el olor delataba (¡Golía que trascendía!). Estos robleanos o rebollanos ignoraban o no hacían caso de un sabio, aunque grosero, dicho proverbial: Comel comerás oru; peru cagal, cagarás mierda. Con más finura, en la mitología clásica y vulgar (fábula del griego Esopo, reelaborada por La Fontaine [s. xxvii)] y Samaniego [s. xxviii], la Gallina de los huevos de oro, se refiere a un relato etiológico en que se castiga a aquellos remotísimos antepasados, tan viejos o más que Adán y Eva. Como estos, además de avariciosos, eran curiosos (por no llamarlos mezuconis), y quisieron conocer la fuente, o sea la mina, de donde la palmípeda extraía aquellos preciosos productos, y se cargaron el invento.
En el Árbol paremiológico (2024, p. 43) se menciona otro avaricioso personaje. El rey Midas. Para quitarnos trabajo, y sin permiso de nadie, no resistimos a la tentación de copiarnos:
“Mit. Midas (740-696 a. C.), rey de Frigia, recibió de Dionisos / Baco el don de convertir en oro todo lo que tocase, que se convirtió en un regalo envenenado, al tratar de alimentarse. Halló remedio, lavándose en el río Pactolo, cuya corriente arrastraría oro en adelante, aunque no debe de ser muy caudaloso. En otra leyenda, intervino, inoportunamente, en un certamen de música entre Pan y Apolo, y por considerar que el primero había sido superior al segundo, este le obsequió con unas orejas de burro, sin duda para que afinara el oído. Los apéndices eran atributos tan vergonzosos que el rey procuraba ocultarlos a todo el mundo, con la excepción inevitable de su peluquero, a quien amenazó de muerte si lo revelaba. Pero este confidente, no pudiendo él solo con el peso de aquel secreto, lo enterró en un hoyo de la tierra donde, casualmente, crecían unas cañas, las cuales, con la ayuda del viento, lo predicaban en alta voz”.
Los ejemplos de esta clase se podrían multiplicar, porque el número de los tontos es infinito, según Salomón (u otro sabio), en la versión antigua de la Vulgata bíblica (Eclesiastés, 1.15: Stultorum infinitus est numerus), lo cual, obviamente, es imposible, porque además de los profetas, los evangelistas y los santos padres, habría que descontar a estos espabilaos, entre otros. En fin, para uso de los aspirantes a no pasar el tiempo chupándose el dedo, sugerimos como pasatiempo estas ingenuas preguntas, destinadas a los listillos autóctonos, vecinos o avecindados en el lugar:
¿Qué será de la salud de la gente nacida o por nacer de El Rebollar?
¿Cuánto valdrán las casas típicas o no, incluidas las “casas rurales”, cuando los experimentos mineros empiecen a dar sus frutos en el caserío de Villasrubias?
¿Piensan instalarse en este paraíso los empresarios e ingenieros del Tinglado Minero?
¿De dónde saldrá el agua
para el lavado del polvillo y adónde irá a parar después?
¿Se va a realzar la presa mal llamada de Irueña? ¿Se va a utilizar para inundar los barrios bajos de Ciudad Rodrigo, o regar con ella las huertas?
¿Apreciarán las reses mayores y los ganados medianos o más chicos, domésticos o salvajes, el saborcillo de estos los polvos de la Madre Celestina y el Padre Cucharón?
¿Crecerán mejor la hierba, los hongos del frondoso “parque micológico”, los robles, encinas y pinos (cada dos por tres invadidos de no se sabe muy bien qué plagas)?
Etc.
Si no hay respuestas coherentes para estas y otras preguntas análogas, lo mejor será encomendarse a San Pies…
P.S. Entre tanto, ¡Albricias!
La prensa digital informa del nacimiento de un niño, en Casas del Conde, al cabo de más de medio siglo. Algunos casi lo estábamos esperando desde entonces. Salvo error o malentendido, todo parece indicar que ha llegado al Mundo por la vía tradicional. Así que no hay que desesperar (¡Quien hace un niño, hace ciento!). Cuando pasen otros 50 años, los Mangurrinus, los Palerus, los Payengus, los Maganus, los Carruchinus y los Serranus tendrán nietos concebidos sin ayuda de la inteligencia natural. La IA los habrá reemplazado por otros perfectos y eternos, existirán en la estratosfera y por ahí, en sus aledaños etéreos…
EL ARTE ES OTRA COSA, por José A. Blanco
EL ARTE ES OTRA COSA, por José A. Blanco
Melody perdió Eurovisión en el Benidorm Fest con el mismo voto que en la fiesta eurovisiva le hizo la cobra. El “artisteo” es una milonga amparada en el arte y justificar así lo injustificable. Nada que ver. Mejor algo de autocrítica y humildad. Lo de cantante va de entendidos y para gustos los colores.
03 junio 2025
LA SOMBRA Y TÚ, por Santiago Corchete Gonzalo
02 junio 2025
COMO SIEMPRE, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
COMO SIEMPRE, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Sucedió todo con la normalidad de estos casos, sin dejar de manifestar con slogans su rechazo a la mina y razonando los peligrosos inconvenientes que puede traer a la zona. Entre otros:
• Rompimiento del paisaje
• Ruidos
• Contaminación atmosférica
• Pérdida de turismo rural
• Envenenamiento de las aguas, siendo el principal afectado el río Águeda y con ello Ciudad Rodrigo.
Terminó con cánticos y abrazos y diciendo "que en la tierra que quieren destrozar, vivimos personas que resistiremos a esta actividad minera hasta el final".
Al regreso, tengo la sensación de que hay vida en el territorio, y de que los menos viejos están dispuestos a plantar cara a lo que se le viene encima, así como que no están aislados, si no que se han unido los pueblos del norte extremeño con los del sur de Salamanca, y a tenor de los discursos reivindicativos que dieron, se puede decir que saben de qué va la cosa y cómo actuar. Por tanto, las espadas están en alto y no veo aún todo perdido desde la seguridad de que lucharán con todos los medios a su alcance, plantando cara social y judicialmente, a este problema nada chico, que pudiera ser, si se llega a realizar, la puntilla a la posibilidad de vida como la hemos conocido hasta ahora en el Rebollar.
Vuelvo pues a Ciudad Rodrigo, con pensamientos positivos. Despacio, recreándome en el todavía bello y virgen paisaje natural, aún sin herir, y pensando lo mucho que se merece conservarse, con sus buenos aires, como siempre hemos estado en él, rodeados de naturaleza y atmósfera limpia.
01 junio 2025
NOMBRES DE LA CODICIA, por José Luis Puerto
NOMBRES DE LA CODICIA, por José Luis Puerto
El culto al dinero, a la riqueza, es tan antiguo como el ser humano. Cuenta, en cada momento histórico, con adeptos, seguidores, fieles, más que ninguna otra causa. Va acompañado siempre, por parte de los seguidores de su imperecedera religión, de ansiedad y, sobre todo, de codicia.
Todo es poco, indica ese dicho sabio para describir la codicia; frase que se vuelve más expresiva cuando alguien, para calificar al codicioso, indica: “todo se le hace poco”. Los codiciosos nunca se ven satisfechos. Todo es poco siempre; en una suerte de voracidad que raya en lo malsano, en lo patológico.
Y aquí nos acude el recuerdo de los siete pecados capitales, cuya memoria se alberga en nuestra niñez, cuando, en la doctrina (nombre antiguo y más expresivo para nombrar lo que después sería la catequesis), nos los nombraban, como también sus antídotos: las siete virtudes.
La codicia se nombraba como ‘avaricia’, que era uno de ellos. Su antídoto –qué gran virtud, qué luminosa cuando alguien la practica– era, es, la generosidad. Frente a la avaricia, la generosidad, según ese ‘dictum’ marcado por un dualismo, también tan antiguo como el ser humano, que, frente a lo marcado negativamente, lo contrapone con un correlato positivo: frente a la avaricia, la generosidad.
La codicia, la avaricia. Hoy, en nuestra actualidad, desde la entronización de ese despótico y arbitrario emperador de occidente, tal pecado capital está todos los días en las primeras páginas de los medios de comunicación y abre, en no pocas ocasiones, los informativos de la radio y la televisión.
Y el nuevo sintagma de la codicia es la suma de un artículo determinado, seguido por un nombre o sustantivo central, para terminar cortejado por el sirviente adjetivo calificativo: “las tierras raras”.
Es el nuevo sintagma, es el nuevo nombre de la codicia. Si un país está en guerra y quiere obtener la paz, el rubio emperador se la alcanza, a cambio, sí, de las tierras raras. Es un nuevo modo de nombrar al oro, de nombrar la materia necesaria para ese itinerario sin fin de las nuevas tecnologías.
Y los propietarios de las macroempresas (más poderosas que no pocos estados) se han vuelto, ya ejercen de nuevos señores feudales, en una sociedad no ya de seres humanos libres (como creíamos desde la ilustración, la revolución francesa o los derechos del hombre), sino de siervos, que es en lo que quieren convertirnos a todos de nuevo.
“Las tierras raras”. Esa nueva cifra verbal de la codicia, de la avaricia, de un poder y de un dominio que trata de derrotar a los mecanismos democráticos y civilizados, para hacernos retroceder hacia el chirrido y la cacofonía de la caverna.
Frente a la avaricia, generosidad. Esa generosidad que ilumina el mundo, que ilumina a la humanidad, cuando las gentes la practican. Porque el dinero, la riqueza, ¿cómo va a ser, pese a todo, el único dios?
La generosidad, cuando se manifiesta, irradia y derrota a quienes están detrás del oro, se llame “tierras raras” o cualesquiera de de sintagmas con que sea convocado.
31 mayo 2025
¿ME ACOMPAÑAS?, por Santiago Corchete Gonzalo
29 mayo 2025
DEL CONGRESO, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
DEL CONGRESO, por José Luis Sánchez-Tosal Pérez
Los
ponentes con altura suficiente para ser escuchados y valorados. La
sala casi completa siempre, y en cuanto a organización y atención,
excelente. Pues como que dicho así, no hay nada como para que no se
le pueda considerar un éxito.
Pero si nos fijamos en la sala, resulta que prácticamente la llenaban los ponentes, salvo excepciones que no pasaban en número de los dedos de la mano. Y en ella no se veían ni alcaldes, ni concejales, ni ciudadanos de la zona, ni siquiera los de Ciudad Rodrigo, solo el alcalde y el teniente de alcalde que aparecían puntualmente como anfitriones, echando de menos también a concejales de la oposición, con lo que mal van a recoger lo que se trata de poner en valor a través del los ponentes. Y tampoco nadie de nuestro mundo rural, ese que todos los martes llena la plaza del mercado y la plaza mayor, que son los destinatarios, puesto que son los habitantes afectados de nuestros pueblos.
También he echado de menos que todas las historias acabaran con la ponencia, sin ninguna pregunta ni ningún cambio de opiniones, lo cual hace más fácil que todo se pueda ir al vacío.
No sé si después de este congreso nos pasará como con el primero, que si dio lugar o ha tenido una hoja de ruta de actuación, seguimiento o logros, lo desconocemos.
Me temo que aparte de las ganas de atajar el problema de la despoblación por lo preocupante que es, y los muchos dineros gastados en ello, no se ven resultados que hagan creer que el congreso pueda tener utilidad. Hubo ponencias de gente exitosa que casi lo han sido por sí, pero esta no es la manera de hacerlo hasta el momento extensible, puesto que es imposible que surjan tantos, como alcaldes tenemos en Castilla y León, más de dos mil.
Se habló también mucho de que la merma de servicios de sanidad, educación, servicios en general, era una causa importante, para no atraer personal a nuestros pueblos. Nada que no se sepa, pero no por eso, no solo no se le pone solución, sino que en el caso de nuestra comarca, por ejemplo, cada vez los servicios sanitarios del centro de especialidades están peor atendidos. Sin médicos y sin maestros ¿Quién lleva a niños a un pueblo? Y sin niños en los pueblos ¿Qué pinta el servicio escolar?
Este sistema de actuar de arriba a abajo, sin estar los de abajo, no suele funcionar nunca. ¿Seremos capaces de abordarlo de forma que los esfuerzos y el mucho gasto de recursos tengan algún resultado? ¿O volveremos, pasado un tiempo, a hacer otro congreso sin preguntarnos, y sin hacer un seguimiento al porqué no se consigue mitigar el problema?
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