SIN ÉTICA NI ESTÉTICA (XXIX): ¿EN QUÉ SE DISTINGUE EL ALMA DE LAS MUJERES DEL ALMA DE LOS HOMBRES? (O: ¿EN QUÉ “PARTE” DEL ALMA ESTÁ EL GÉNERO FEMENINO?), por Ángel Iglesias Ovejero - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo

SIN ÉTICA NI ESTÉTICA (XXIX): ¿En qué SE DISTINGUE EL ALMA DE LAS MUJERES Del ALMA DE LOS HOMBRES? (O: ¿EN QUÉ “PARTE” DEL ALMA ESTÁ EL GÉNERO FEMENINO?), por Ángel Iglesias Ovejero
Esta bizantina pregunta debió
de trotarme en la cabeza durante el duermevela del pasado domingo (5
oct. 2025), después de una atareada jornada que, para Françoise y
un servidor, empezó a las 5h de la mañana y se terminó entre las
22h y las 24h del mismo día. Ocupamos el tiempo en ir y volver de
Madrid para una memorable participación de una reducida tropa de
Rebollar Vivo,
que, con otras plataformas, se presentaba en la capital del Reino con
un objetivo muy ambicioso: Salvemos
el Mundo rural agredido
[que buena falta le hace]. La escuadrilla mirobrigense, pilotada a
distancia por la estratega Sonia, tuvo una primera baja en Ciudad
Rodrigo, donde (por motivos fundados) no se presentó un compañero,
con quien, en principio, mi persona debía compartir los servicios
mecánicos. La diligente Geli (del grupo mirobrigense Asenavis)
se encargó de la conducción a Salamanca, donde ya nos esperaban
otros defensores del mundo rural agredido en el país charro
(Escuelas campesinas
de Salamanca, Stop
Biogás Machacón,
Stop Biometano
Babilafuente, Stop
Biometano Tornadizos,
Stop Uranio,
Cuidamos Villamayor,
Colectivos por un
Mundo Rural y Urbano Vivos).
La templada y previsora Almu (de Villasrubias) tomó el mando del
pelotón de El Rebollar. Junto a la estación de Atocha buscamos el
arrimo de los defensores cacereños de Sierra
de Gata, con
quienes compartimos el objetivo inmediato (Minas
no) y se nos
unieron otras intrépidas combatientes (Carmen, Montse, Cloti,
Begoña) y nuestro amigo José García (de la diáspora madrileña de
Peñaparda), que al final del desfile tuvo que retirarse, por
evidente fatiga. El resto de la escuadrilla quedamos en juntarnos a
la entrada del Parque del Retiro para compartir la merienda.
Fue allí y entonces cuando me
di cuenta que nunca había desfilado en compañía de un contingente
mayoritario de mujeres y me hallaba rodeado de media docena de ellas,
más jóvenes y más agraciadas físicamente que yo (en lo cual no
tienen mayor mérito, ni a mí me preocupa, porque, además de no
haberme tenido por guapo desde niño, hay partes de mi geografía
física que nunca me he visto y ya no tengo curiosidad por
descubrir). El locus ameno era apacible, sombreado y verde, como un
trozo de campo en la ruidosa ciudad. A nosotros (a Françoise y a mi)
nos retrotraía a vivencias placenteras, pues a escasos metros de la
entrada en el parque por el lado de Puerta de Alcalá, nos habíamos
(o habían) hecho la primera fotografía juntos, casi sesenta años
antes, en el verano de 1968. En la sobremesa habida este domingo,
sobre el tapiz del santo suelo, comprobé algo que por experiencia
conocía. Aquellas mujeres de edad mediana, e incluso alguna de ellas
tan joven que podría haber sido nieta mía, sabían hacer muchas
cosas que, reconozco, a mí el machismo instintivo y cultivado (de
crianza y labranza) no me ha permitido aprender (Mea
culpa, mea culpa, mea máxima culpa).
El polarizado debate entre el
machismo y el feminismo no estaba previsto en el orden del día, ni a
ninguna de aquellas intrépidas compañeras se le había visto el
menor indicio de traerlo a colación. Pero en la vuelta de la
memorable jornada madrileña, resultaba casi inevitable, porque
estaba muy reciente el nombramiento de una madre de familia y obispa
de Londres, Sarah Mullally, para el arzobispado de Canterbury,
primado de la Iglesia de Inglaterra, otorgado por el rey Carlos III
de Inglaterra, jefe supremo de la Iglesia anglicana (3 oct. 2025).
Era una de las noticias más llamativas del día (además de las que
atañían a la Flotilla asaltada por los piratas sionistas, cuando se
dirigían con ayuda alimenticia y sanitaria a Gaza). Así es cómo
vine a pensar cuándo podría suceder algo así en la Iglesia
católica, comunidad cristiana mayoritaria y arraigada en España. De
creer la leyenda de la Papisa Juana, habría tenido un precedente
romano en el s. ix,
lo cual, si no fue mera ficción, no tendría más fundamento que
intrigas en el papado, con antipapas de por medio. Por principio,
difícilmente podrá haber obispas católicas (y por ende españolas),
si no puede haber sacerdotisas. Y esto viene de lejos, en relación
con la idea misma y la estimativa de la mujer en la historia
cristiana.
Se ha dicho que hasta el
concilio de Trento (1545-1563) no se reconocía explícitamente que
las mujeres tuvieran alma, y que en el de Nicea (325), primer
concilio ecuménico, se había afirmado lo contrario. Quizá esto
sería un malentendido lingüístico de la polisemia de hombre
en latín, que todavía colea (lat. homo,
inis,
‘hombre’, ‘los hombres’, ‘el género humano’, ‘un
hombre’, ‘un individuo’, o sea, un animal racional). La mujer
no es ‘un hombre’ en el sentido restrictivo (no es vir,
‘varón’). Si no compartiera con el hombre (o varón) la
naturaleza humana, no se entendería que tuviera tantas obligaciones
o más que el varón, y se le impusieran incluso de antes. Así se
comprueba en las actas del concilio de Elvira (o Ilíberis,
en la Hispania
Baetica, ubicada
donde Granada en la actualidad), que tuvo lugar entre el año 300 y
324, reuniendo 19 obispos y 26 sacerdotes de toda Hispania, según
analiza M. Menéndez Pelayo (1880-1882) en su Historia
de los heterodoxos españoles
(cap. IV). Por supuesto, el culto de las santas vírgenes y mártires,
generalizado más tarde como el de las imágenes en general (s.
iv-viii),
tampoco estaría justificado sin esta premisa. Desde la Edad Media,
siguiendo la doctrina de Santo Tomás, se define la persona humana
por la unión del cuerpo y el alma, y en ninguna parte se afirma que
el alma de la mujer sea de naturaleza diferente a la del hombre.
Siendo esto así, ¿por qué
la Iglesia católica no admite el sacerdocio de las mujeres? (Ello
supondría la capacidad de celebrar la misa y administrar los
sacramentos). La casuística de los seminarios conciliares preveía
esta clase de preguntas, que los aprendices de curas despachaban con
respuestas impregnadas de misoginia. En la práctica, los sacerdotes
(o presbíteros) no saben avanzar razones y las explicaciones del
mismo papa Juan Pablo II, con más alambicado simbolismo, tampoco
convencen, debido a que, en definitiva y sin ánimo de ofender,
vienen a sugerir que Jesucristo eligió para el apostolado solo a
varones porque le dio la gana (apóstol
‘enviado, o mensajero’, evangelizador). Esto equivale a decir que
obró conforme a las convicciones de su época, o sea, la tradición
“sexista”, que se pretende rechazar. En efecto, aparte de que,
según los evangelios, hubo numerosas mujeres que fueron “testigos”
de sus milagros y resurrección, esta discriminación llevaría a
pensar que el alma de las mujeres es tributaria de sus partes
genitales, o poco menos (como las labores
de su sexo en la
identificación profesional del nacionalcatolicismo español). En
esta dinámica, lógicamente, su correlato masculino, o sea, el alma
de los varones, residiría en los testículos
(< lat. testiculus,
diminutivo de testis,
‘cada una de las dos glándulas sexuales masculinas’), y así se
explicaría que “el género masculino”, por lo general, sea más
fuerte, o más bruto (debido a la testosterona). Y así nos va…
Bromas aparte, y al margen de
consideraciones bizantinas, no se ve que la presunta supremacía de
los hombres (varones) sea necesariamente de capacidad mental, moral o
sentimental. Por experiencia, conozco a muchas mujeres menos
testarudas y más inteligentes que un servidor, en mi propia familia,
sin ir más lejos: mi madre, mi hermana, mi esposa, mis hijas, mi
nieta. En mi entorno social, he observado algo parecido entre mis
colegas femeninas (cuya dirección he aceptado, llegado el caso), con
excepciones debidas, precisamente, a dos actitudes machistas
opuestas: las que defienden el machismo tradicional y las que
pretenden emularlo. En general, no son peores gobernantes que los
varones y son menos belicistas. A la vista está. Lo achaco a que los
hombres (varones), no han parido y la maternidad supone una
experiencia especialmente cercana de la vida. En síntesis, no me
parece mal que los hombres y las mujeres seamos algo diferentes, para
que la existencia sea más entretenida pero suelo postular que, al
cabo, en cuanto personas humanas somos iguales (con los mismos
derechos y deberes).
Con estas cavilaciones me
adormilé, después de comprobar que, en la habitualmente soñolienta
Miróbriga, todavía los farinatos y sus huéspedes estaban de
compras en una Feria Medieval. ¿Tan despistados andan en el tiempo
real? Deberían aprender de los Jubiletas
“Robleanos”, que aprovechando el recalentamiento del tardío se
habían ido de excursión turístico-culinario-folclórico-religiosa
para conocer Huelva. No sería de extrañar que a su regreso nos
revelen la aparición de la Virgen del Rocío a caballo, porque como
es tan arta se le ve por abajo la enagua blanca, y por arriba se le
ven loh collareh de perlah finah…
Mientras el Mundo se arregle
solo y el Sol salga para justos y pecadores, bien va. Así que hasta
otro sueño, o pesadilla, depende.