CRUCIFIXIONES, por José Luis Puerto - Ateneo Virtual Mirobrigense – Ciudad Rodrigo
CRUCIFIXIONES, por José Luis Puerto Ahora
que se aproxima el tiempo vacacional de la Semana Santa, en que
quienes pueden se irán a disfrutar de unos días, de modo ruidoso e
inconsciente, como si viviéramos en el mejor de los mundos (mientras
les toque a otros padecer, todo es bueno); ahora que estamos en este
tiempo cuaresmal, ya sin significado para casi nadie, es bueno hablar
de crucifixiones.
Esas
crucifixiones a las que los poderes del mundo, los poderes de todo
tipo, someten a determinados pueblos del mundo, que no han hecho
absolutamente nada, para merecer tan aciaga suerte.
Y
hemos de hablar de las crucifixiones que sufren desde hace más de un
año las gentes sudamericanas y latinas, los latinos, perseguidos
impune y arbitrariamente en Estados Unidos y tratados de una manera
cruel, sufriendo días y días en campos de internamiento, que son
verdaderos campos de concentración de nuestro tiempo. Y ante lo que
apenas nadie está diciendo nada, salvo algunos cantantes y minorías
ciudadanas que levantan la voz.
Y
hemos de hablar de las crucifixiones que está sufriendo el pueblo
palestino de Gaza (y también el de Cisjordania, al que están
arrebatando su propio espacio geográfico y vital), en estos últimos
años, siendo exterminado, con pérdidas humanas de miles de
personas, incluidos tantos niños, y haciéndolo sobrevivir entre
ruinas y en condiciones infrahumanas, con todo tipo de carencias.
Una
crucifixión de la que ya nadie dice nada, porque ya no está en el
primer plano informativo, porque ya nos la hemos quitado de encima,
de delante de nuestros ojos. Y, sí, hubo una reacción mundial
–ejemplar la española, desde los días de la pasada vuelta
ciclista– contra el genocidio palestino cometido por los dirigentes
israelíes. Pero, ahora, ay, ya nos hemos desentendido.
Y
hemos de hablar de las crucifixiones de otros varios pueblos,
víctimas de las dinámicas de los poderes y de los poderosos, de las
endiabladas geopolíticas que le niegan el pan y la sal a
determinados pueblos.
Entre
tales pueblos que sufren crucifixiones y a los que se les está
negando el derecho a existir, se encuentran, por ejemplo, los
saharauis, a los que hemos dejado ahí, abandonados a su aciaga
suerte, sin que nunca se haya ejecutado jamás aquella resolución de
la ONU, de hace tantos y tantos años, de que el pueblo saharaui
realizara un referéndum para decidir sobre su soberanía como
pueblo.
Entre
tales pueblos, se encuentran también los kurdos, con el sueño, tan
dilatado como incumplido, de habitar en un país propio, soberano,
desarrollando plenamente su cultura.
Y,
entre tales pueblos, se encuentran también los ‘rohingyas’, tan
masacrados en Myanmar… Y tantos y tantos otros, que habríamos de
completar, continuando la enumeración y transitando por los
renglones de la conciencia…
Crucifixiones…
Mi
maestro José Ángel Valente hablaba del honrado pueblo soberano. No
siempre lo puede ser.
Lo
crucificamos tantas y tantas veces…
¿Y
no desclavaremos tantas y tantas cruces, a las que sometemos a
pueblos que no merecen tal destino?