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13 noviembre 2025

DE NIEBLA Y LUZ, por Francisco Luis López-Arza Mora

<a target="_blank" href="https://www.google.com/search?ved=1t:260882&q=De+Niebla+y+Luz+Santiago+Corchete&bbid=7163741330860553811&bpid=893417649351432919" data-preview><a target="_blank" href="https://www.google.com/search?ved=1t:260882&q=DE+NIEBLA+Y+LUZ+Santiago+Corchete&bbid=7163741330860553811&bpid=893417649351432919" data-preview>DE NIEBLA Y LUZ</a></a>, por <a target="_blank" href="https://www.google.com/search?ved=1t:260882&q=Francisco+Luis+L%C3%B3pez-Arza+Mora&bbid=7163741330860553811&bpid=893417649351432919" data-preview><a target="_blank" href="https://www.google.com/search?ved=1t:260882&q=Francisco+Luis+L%C3%B3pez-Arza+Mora&bbid=7163741330860553811&bpid=893417649351432919" data-preview>Francisco Luis López-Arza Mora</a></a> - <a target="_blank" href="https://www.google.com/search?ved=1t:260882&q=Ateneo+Virtual+Mirobrigense&bbid=7163741330860553811&bpid=893417649351432919" data-preview><a target="_blank" href="https://www.google.com/search?ved=1t:260882&q=Ateneo+Virtual+Mirobrigense&bbid=7163741330860553811&bpid=893417649351432919" data-preview>Ateneo Virtual Mirobrigense</a></a> – <a target="_blank" href="https://www.google.com/search?ved=1t:260882&q=Ciudad+Rodrigo&bbid=7163741330860553811&bpid=893417649351432919" data-preview><a target="_blank" href="https://www.google.com/search?ved=1t:260882&q=Ciudad+Rodrigo&bbid=7163741330860553811&bpid=893417649351432919" data-preview>Ciudad Rodrigo</a></a>
Francisco Luis López-Arza Mora
DE NIEBLA Y LUZ
, por 
Francisco Luis López-Arza Mora
 
 
    Después de un largo período de silencio editorial, Santiago Corchete vuelve al escenario literario con un poemario sorprendente, De niebla y luz, que deja constancia que durante estos últimos años, aunque alejado del ceremonial social, ha seguido escribiendo de forma ininterrumpida. El libro ha surgido a partir de una ardua selección de versos, que han sido espigados entre los numerosos cuadernos del autor, todos inéditos, que han sido escritos con una regularidad tal que podrían ser considerados como un diario espiritual, conformado por cientos y cientos de poemas que en el futuro podrían alimentar otros poemarios tan dignos como el presente.
    Si desde el principio de su trayectoria, allá por los años ochenta, Corchete asentó su ars poética sobre tres pilares fundamentales: la luz, la mujer y la palabra (en una especie de triángulo equilátero en el que los elementos se relacionan de forma concéntrica). De niebla y luz va a descansar sobre la primera de estas imágenes, sobre esa luz de resonancias bíblicas, que evocan el “hízose la luz”, hízose la vida, como ámbito de la existencia, plagado de evidentes connotaciones creadoras.
    Pues bien, sobre el recorrido de la luz (en una especie de iter lucis) se construye el poemario; la luz como metáfora del recorrido que traza el devenir del ser humano, de sus estados de ánimo, del sinfín de emociones que circulan desde la exaltación por la vida a la estupefacción que produce el hecho de no tener otro destino que la aniquilación total. Es, por tanto, una lírica de fuerte carácter filosófico, de mucho peso conceptual, hermética en gran medida para un lector no iniciado, pues se sirve de la poesía como instrumento insuperable en el intento de expresar lo inefable.
 Y con este propósito organiza la arquitectura ateniéndose a los diferentes momentos que proporciona el desplazamiento de la luz a lo largo de un día completo, de 24 horas, desde la inauguración del claror hasta su confusión con las sombras. De ahí que el texto -con un sentido muy desarrollado de la estructura- se divida en unas secciones que son sucesivas entre sí: prefacio, albeando, plenitud, descendimiento, anocheciendo, epílogo ya adenda, en un ciclo de retorno eterno para el universo pero no para el hombre.
Diferentes secciones en cuanto a la estructura general, pero idénticas en cuanto a la conformación métrica, lo que seguramente constituye lo más llamativo y lo más
original del proyecto. Se trata de una entidad nueva de doce versos, que componen lo que el autor ha llamado “docenarios”; un molde que ha creado y cultivado con intensidad y prolijidad en los últimos años, como si este innovador orden estrófico viniese a dar forma definitiva, a culminar su prolongada labor de escritura; en la que, insistimos, ha llegado a la emoción pero a través de la razón, de una radical actitud intelectual.
    Y precisamente de esta disposición racional ante la creación poética, ha surgido este punto de inflexión que son los docenarios; nacidos como un desafío y como un homenaje al soneto. Santiago Corchete se ha impuesto, ante todo, el desafío de escribir conforme a su tiempo, conforme a las exigencias del siglo XXI. Y aunque en ocasiones ya demostrara su dominio de la métrica clásica, ahora se lanza a la construcción de un poema más concentrado aún que el soneto, no ya de catorce sino de doce versos, sin rima; si bien con predominio del endecasílabo y del heptasílabo.
    Pretende así dar cabida a una poesía de enorme carga conceptual, concentrada al máximo, en un poema con una extensión, no obstante, perfecta para desarrollar a la vez, con hondura y brevedad, una idea, en una línea del conceptismo que podríamos considerar contemporánea, propia de la modernidad. El lector observará la multitud de variaciones combinatorias, de estrofas o semiestrofas que permiten los docenarios, sobre todo en comparación con el soneto, siempre idéntico a sí mismo (con sus cuartetos introductorios y sus tercetos conclusivos). Una gama de disposiciones tan diferentes que abre un sin fin de posibilidades no solo estructurales sino también rítmicas y semánticas (a la hora de disponer temas, motivos, subtemas).
    Nos hallamos, pues, ante una obra que bien puede representar la espléndida culminación (al menos hasta el momento) de una magnífica trayectoria, coherente, fiel a si misma, que -si bien con diferentes voces- siempre anda a la búsqueda de la fórmula que con más precisión exprese su mensaje. Si en la primera etapa de su quehacer Santiago Corchete se había asomado a la realidad exterior; ahora se ha vuelto hacia su paisaje interior, contemplado ya desde la perspectiva de altura que le concede la vida, en un empeño por pergeñar una nueva forma de concebir lo poético, acorde con su tiempo y su estética.

SANTIAGO ESTEBAN FRADES, MEMORIA Y FE DE VIDA, por José Luis Puerto

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